Capital financiero global, partidos políticos y hegemonía

Por Agustín Zuccaro y Julián Bilmes //

En este trabajo pretendemos difundir los resultados preliminares de una investigación en curso de mayor alcance y profundidad, sobre la crisis de los partidos políticos y las nuevas formas de hegemonía en el capitalismo financiero global.

De tal forma, entendemos que cada tipo de sociedad, cada modo de producción y forma de capital dominante entraña modos específicos que se le corresponden en cuanto a la dominación ideológica, conducción política y construcción de hegemonía. Por ello, se va a sostener que las transformaciones estructurales que tuvieron lugar en la década del 70, y veinte años después se potenciaron con la creación de la web 2.0 dando lugar a la revolución industrial 4.0, tienen implicancias en la formas actuales de representación/mediación política, a partir del lugar que ocuparon en un primer momento los medios masivos de comunicación, las plataformas multimediaticas y las telecomunicaciones, y luego, con los saltos exponenciales de la revolución tecnológica 2.0 ello adquiere un nuevo formato con la irrupción de las plataformas virtuales moviles como nuevo instrumento que media las relaciones sociales.

Capital financiero global, revolución tecnológica, toyotismo/posfordismo y revolución industrial 4.0

Las transformaciones estructurales en las sociedades posindustriales/financieras, posfordistas/toyotistas, posmodernas/del conocimiento, tienen su base material de existencia en la posición dominante que comienza a adquirir el capital financiero global en la década del 70, período en el cual emerge como nueva forma de capital dominante, frente a la forma anterior de capital financiero multinacional.

Desde entonces se han venido desarrollando vertiginosos y profundos cambios que sacudieron las formas en que cada sociedad se organizaba. La irrupción del capital financiero global como forma dominante de circulación y producción de valor y apropiación de trabajo no remunerado consideramos que es una de las más relevantes por su impacto en la organización en la vida de los sujetos. Una de las grandes consecuencias que tuvo esto, fue el crecimiento exponencial de trabajadores por fuera del trabajo formal, aumentando los niveles de pauperización de las clases populares.

Siguiendo el análisis de Dierckxsens y Formento (2018), el capital financiero global asume la forma de una red financiera global, conformada por su doble plataforma: la plataforma de servicios financieros y la plataforma global de bienes y servicios. La primera está conformada por la hiperconexión de redes que se trazan entre los mercados financieros localizados en las principales cities financieras mundiales como Basilea, Wall Street, Londres, Hong Kong, etc. La segunda se articula a partir de conexiones que habilitan las redes de empresas asentadas en países donde pueden maximizar las ganancias y conseguir mayor rentabilidad debido a las políticas favorables para la explotación de fuerza de trabajo, producto de la transnacionalización de la producción y, de esta forma, dividen regiones productoras, otras proveedoras y aquellas que ensamblan.

Otra de las transformaciones que cabe destacar es el desarrollo de un conjunto de instrumentos tecnológicos, iniciado principalmente en Estados Unidos en la década del 70, que pone en escena un nuevo paradigma tecnológico que se basa en las tecnologías de la información y comunicación. La creación de internet en este marco, por el Departamento de Defensa estadounidense, buscando evitar un “posible” ataque de la URSS a las comunicaciones, en caso de guerra, fue la que tuvo más relevancia por su creciente significancia para las relaciones sociales, debido a su alcance global para la comunicación en tiempo real mediante uno o más dispositivos, habilitando miles de redes informáticas, comunicativas e informativas a partir de las cuales se establecieron nuevos mercados conectados y novedosas formas de control gerencial.

En este contexto, también se producen nuevas relaciones sociales de producción, en el marco de este círculo de retroalimentación acumulativo, ya que las empresas se flexibilizan, se conectan y se desplazan hacia nuevos territorios. En un mismo sentido, la inclusión de las tecnologías en el proceso de trabajo empieza a hiperespecializar e hiperfragmentar la división social y técnica del mismo, a partir de la necesidad de trabajadores ya no sólo encargados en su uso y desarrollo, sino también de la innovación para la creación de otras nuevas. Es decir, que este proceso habilita el pasaje de la producción fordista en serie a la producción toyotista flexible. En tal sentido, para Castells (2000), la irrupción de las nuevas tecnologías en el circuito de la producción permitió una fuerte transformación en las cadenas de montaje, en unidades flexibles y sensibles a las variaciones del mercado y a los cambios tecnológicos.

El nuevo modelo de producción que se consolida en este escenario es el toyotismo/posfordismo. Éste representa una relación en el entorno de la producción industrial que fue un pilar importante de las empresas japonesas de la década del 70. En su matriz de trabajo se destacan las ideas de flexibilidad laboral, aumento de la productividad a través de la gestión y organización y la escasa presencia de símbolos que indiquen jerarquías dentro de la vida cotidiana de la empresa. En este sentido, un aspecto fundamental de este modelo es la desestructuración de la verticalidad en todo el proceso de producción, construyendo la organización a partir de una empresa central con una red de proveedores estables, que si bien dependen y son controlados por los centros de conducción estratégicos, son distribuidos en una red de firmas bajo aparentes formas de estabilidad y relaciones de complementariedad, sin que ello modifique la hiperconcentración de poder y capital.

Por lo tanto, a partir de lo expuesto se puede inferir que estas transformaciones son fenómenos que se necesitaron y reforzaron, ya que sin las tecnológicas de la comunicación e información, no hubiese sido posible la conformación de una red global que organice una reestructuración a escala planetaria del sistema capitalista. Y esta red de cadenas de valor flexibles, se apoyó en la tercerización, fragmentación e híper-especialización laboral que el toyostimo/posfordismo estructuró en función de los mercados y el consumo. Además, coincido con Fernandez (2017) cuando sostiene que ellas fueron fundamentales para dar lugar a la revolución industrial 4.0, que surge para designar los cambios tecnológicos y económicos ocurridos durante los últimos años que tienen como ejes centrales el Big Data, la robótica, la nanotecnología y la inteligencia artificial. Siguiendo al autor, dicho concepto es la forma de nombrar la combinación de la individualización de la producción y un sistema de redes horizontales integradas digitalmente mediante la web 2.0. Lo que habilita, la prolongación de la jornada de laboral no remunerada y la intensificación del proceso de trabajo, dando como resultado una cooperación alienante entre los procesos de producción y usos intensivos de las plataformas virtuales móviles.

De tal forma, la cuarta revolución industrial tiene como característica fundamental la capacidad de articular de forma automática y en tiempo real, a partir de nuevos circuitos integrados, una masa incalculable de datos. Esta revolución, a su vez, produce una nueva división internacional del trabajo que sustenta el esqueleto de la organización y distribución mundial del plusvalor, en tanto nuevo paradigma productivo (Moura Breda, 2018).

Por lo tanto, al entender las mencionadas transformaciones como estructurales, se puede decir que tienen un atravesamiento en la vida en general produciendo nuevas sociabilidades que habilitan u obturan sensibilidades a ciertos tipos de vínculos con los otros sujetos y objetos. Es por ello, que entendemos que las formas en que se consolidan tienen implicancias en la construcción de hegemonía contemporánea: esto es, cómo se produce consenso/disenso en el marco de una sociedad.

Nuevas formas de construcción de hegemonía y partidos políticos

En este contexto resulta importante resaltar que las transformaciones hasta aquí desarrolladas generan nuevas formas de construcción de hegemonía, y asimismo se desarrollan formas de representación política vinculadas a ellas. Si bien, la creación de internet puso en escena la revolución tecnológica 2.0, no fue hasta los 80-90 con la radiodifusión satelital que alcanzó masividad y, por lo tanto, cobró relevancia para la mediación de las relaciones sociales. Por su parte, internet también se empezó a convertir en un consumo en esas décadas, cuando el Ministerio de Comercio de Estados Unidos, la liberó para su uso. A la par de ello, en 1989-1993 la Organización Europea para la Investigación Nuclear presentó y difundió al mundo el nacimiento de la Word Wide Web -o más conocida como “www”-, cuya fecha es el momento que podemos empezar a visualizar el cambio social y tecnológico que implicó para la vida de las personas (Castells, 2000). Desde esos años hasta hoy, su crecimiento se dio de manera exponencial.
En efecto, con la aparición de la radiodifusión satelital y la conformación de los medios de formación de opinión pública, las encuestas empiezan a tomar una relevancia importante como instrumentos de mediación política en la relación candidato-votante, personalizándose la relación: se dejan de votar líneas programáticas y se votan conductas personales que son moldeadas en función de sondeos, en tanto la televisión pasa a ser el instrumento que media la relación entre candidato y sociedad civil, lo que genera el desplazamiento y sustitución del dirigente político por el candidato, y por lo tanto la crisis del partido ideológico de masas, que es reemplazado por el partido de comercialización de candidatos (Formento, 1998).

Sin embargo, consideramos que la revolución tecnológica que se denomina 2.0 a partir de la difusión de la web, de internet como consumo y la creación de Friendster en el 2002, presupone un salto en la forma misma de mediar/representar relaciones entre el candidato-votante, ya que las plataformas virtuales móviles –celulares o smartphones, con su conjunto de aplicaciones y accesibilidad a redes sociales-, implican otro tipo de uso que la televisión. Con esta última es posible estar haciendo otras tareas mientras se la escucha y/o mira. En cambio, la utilización de las redes sociales, mediante la plataforma virtual móvil, necesita una atención permanente en su uso, posibilitando redes horizontales de comunicación, información y propaganda interactiva entre el votante y el candidato. Si con la televisión la representación se manifestaba como identificación, con las redes sociales la representación se hiper-personaliza e hiper-segmenta, ya que crea canales virtuales de comunicación directa entre ellos, aunque paradójicamente las cuentas de los candidatos sean utilizadas por especialistas del microtargeting y marketing político.

En este sentido, la construcción política de los partidos políticos, entendidos como redes organizativas, se desarrollan en función de los múltiples instrumentos que posibilitan la mediación con la sociedad civil, para interpelar identidades y movilizar/representar electorados. De tal forma, es que se forman y conforman identidades políticas en función de espacios y actores particulares. Por lo tanto, la construcción política mediada por la política mediática-virtual tiende a hiper-personalizar la relación entre el candidato-votante, en tanto se construye en torno a la confianza de una persona, porque pasan a ser el rostro de una política, desplazando las líneas programáticas del partido.

En este contexto, empezamos a notar que lo local y la proximidad aparecen como expresiones de estas transformaciones globales, en función de nuevos marcos representativos (Zuccaro y Bilmes, 2018). En tiempos de globalización y capital financiarizado, lo micro y lo personalizado se constituyen en elementos relevantes, ya que están habilitados por los dispositivos virtuales que crean una ficción de cercanía.

En el campo de la construcción política, estas estrategias de lo próximo se manifiestan como una apariencia de reversión del poder explícito, mediante la ficción de una distribución de la economía jerárquica dispuesta en que el poder es del ciudadano y no del soberano. Es necesario destacar que es aparente porque con la forma dominante del capital financiero global no se ha desarrollado ningún mecanismo que distribuya el poder, incluso, pasó todo lo contrario: se hiperconcentró la riqueza y el poder a escala global (Dierckxsens y Formento, 2018).

Desde la perspectiva análisis que se viene utilizando, la proximidad como construcción política en el plano local opera moldeando sujetos hiperatomizados, ya que el reclamo al gobernante se manifiesta de forma individual, cuya máxima expresión es el timbreo. Si bien, es una estrategia que tiene una larga historia, en la actualidad fue resignificada a partir de las redes sociales. Tomando como ejemplo, su utilización por parte del PRO/Cambiemos, la elección de los vecinos a visitar es realizada por sorteos en Facebook, mediante la microsegmentación de los perfiles que se postulan a partir de las herramientas que habilita el Big Data, y luego esas visitas se consolidan con su difusión por redes sociales: se hacen fotos y videos que se virilizan o se transforman en propagandas que tienen su circulación en las diferentes plataformas digitales y medios de comunicación, lo que da condición de posibilidad de generalizar su impacto en el resto de la población.

Lo que busca con ello, es desplazar el terreno de la política del ámbito público al privado, en donde se abren las posibilidades para un vínculo de un sujeto atomizado con el candidato que se dirige hasta su vivienda para “estar en su lugar”, por unas horas. El marco representativo contemporáneo, en este sentido, ya no es un programa de reivindicaciones comunes de un futuro a construir sino que representa quién más profundo dice, quien mejor expresa lo que soy, quien más se asemeja a quién soy, mediante dispositivos que construyen producciones subjetivas por modos virtuales.

Finalmente, cabría decir que el proyecto político-estratégico del globalismo financiero, impulsa esta concepción en donde el candidato pasa a ser un producto y la política un bien de consumo, porque quien representa, es quien mejor se vende. Sin embargo, para los pueblos del mundo, la política entendida como una instancia de organización y participación colectiva en el espacio público, sigue siendo la vía de transformación, por medio de la cual se puede apuntar a generar mayores grados de distribución de la riqueza social, democratización del poder y realizar otro mundo posible.

 

* Agustín Zuccaro (aguszuccaro@gmail.com)  es Licenciado en Trabajo Social (UNLP), becario de la Dirección de Comunicación y Publicaciones de la FTS-UNLP, e integrante del CIEPE. Julián Bilmes (juli.bilmes@hotmail.com) es Licenciado en Sociología (UNLP), becario doctoral (CONICET) e integrante del CIEPE.


Bibliografía

  • Castells, M. (2000). La sociedad en red. Madrid: Alianza Editorial.
  • Castells, M. (2008). “Comunicación, poder y contrapoder en la sociedad red (I). Los medios y la política”. En TELOS: Cuadernos de comunicación e innovación, No. 74, pp. 13-24.
  • Dierckxsens, W. y Formento, W. (coords.) (2018). La crisis mundial. Trump, Brexit, BRICS, Francisco. Dólar, bitcoin, yuan. Continentalismos, globalismo y pluriversalismo. Bs. As.: Ed. Fabro.
  • Fernandez L., J. (2017). La industria 4.0: Una revisión de la Literatura. En Revista Actas de Ingeniería, Pp. 222-227.
  • Formento, W. (1998). La Crisis en la forma de los Partidos Políticos. En II Jornadas Nacionales, Facultad de Humanidades y Artes, UNR.
  • Zuccaro, A.; Bilmes, J. (2018). Nuevas identidades políticas: la construcción política del PRO. En IV Jornadas de Ciencia Politica, UNL.

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