Pablo San Román: “Necesitamos nuevos paradigmas para el desarrollo”

Pablo de San Román es Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario (Argentina), Master en Estudios Políticos Latinoamericanos por la Universidad de Liverpool (Inglaterra) y obtuvo su Doctorado en América Latina Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid (España). Sus investigaciones se orientan hacia el estudio de instituciones políticas y desarrollo, especialmente en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Alcalá (España).

La entrevista se realizó en Rafaela, una ciudad del interior santafesino que generalmente no asociamos a la Ciencia Política en Argentina (al menos, no todavía). Allí el Dr. de San Román se desempeña como docente de la Lic. En Ciencia Política y Gobierno de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales. Quienes integramos el Comité Editorial de Revista Politikon lo conocemos, además, como docente e investigador en la Universidad Nacional del Litoral (Argentina). Es el profesor a cargo de la materia Análisis Político, y ha dirigido grupos y experiencias de investigación con participación de estudiantes.

En esta ocasión, nos acercamos al académico que siempre sabe cómo generar debates abiertos e incisivos en sus clases, para conocer sus apreciaciones en torno al campo de la Ciencia Política y el momento político argentino actual.

 

Como académico que ha tenido la posibilidad de hacer sus estudios de posgrado en Europa, ¿cuáles creés que son las principales características de la Ciencia Política europea?

– A nivel internacional hay ciertos paradigmas que, de alguna manera, van reconociéndose como globales. No importa tanto la geografía o el país, sino la problemática. Al vivir en un mundo tan integrado física, económica y culturalmente hay conflictos y tensiones sociales que son comunes a muchas sociedades, por no decir a todas. Y eso predispone a la Ciencia Política a pensar esquemas interpretativos que, de alguna manera, respondan a los cambios que se están produciendo. Son cambios no necesariamente económicos, no necesariamente de orden material, sino que tienen que ver con las conductas, con la psicología, con la cultura, que tienen que ver con la ética. Es decir, que lo que el análisis político está planteándose hoy -más allá de la matriz distributiva que produce el sistema económico- es el sistema de valores. Y a partir de replantearse el sistema de valores hay un replanteo sobre las estructuras de poder.

Entonces diría que, desde el punto de vista global, en la Ciencia Política hay una corriente muy importante de replanteo de las prioridades dentro de las cuales la vida en comunidad pueda ser viable. Es una especie de reinterpretación de las características fundamentales del orden político que se dirigen hacia la idea de equilibrio, hacia la idea de sustentabilidad de las relaciones humanas dentro de la economía y del orden material. Es decir que hay una búsqueda de la razón moral, hay una búsqueda de recursos morales para transformar ciertas realidades, ciertas estructuras de poder que prevalecen en el mundo y que no necesariamente desembocan en la estabilidad y el equilibrio. El trabajo sobre el sistema de valores a través de la educación es un aspecto fundamental de la filosofía política en la actualidad a nivel global.

Esto es nuevo, no se discutía históricamente. La discusión histórica de la filosofía política fue, básicamente, la idea de la paz y la construcción de un orden político que garantizara la estabilidad, pero más orientada hacia la gobernabilidad. De lo que se trata ahora es de analizar con nuevos paradigmas éticos y políticos capaces de promover el desarrollo. Y el desarrollo no es solamente una cuestión económica, sino que también implica generar condiciones estructurales a través de las cuales grandes masas de la sociedad accedan a estímulos y bienes culturales, materiales, científicos y tecnológicos que les permita percibir el progreso. Es una problemática compleja, pero creo que la Ciencia Política está parada en ese lugar, tratando de comprender, desde la teoría y desde la creación de esquemas explicativos. estos cambios.

 

¿Considerás que la Ciencia Política en Argentina también tiene como eje este tipo de problemas?

– Creo que la Ciencia Política en Argentina está muy centrada en el problema del Estado. Creo que hay una tendencia hacia la explicación del fenómeno político como prioritariamente estatal, y el fenómeno político también tiene raíces sociológicas, raíces morales y raíces culturales que son muy significativas. Por lo tanto, creo que la Ciencia Política debe abrirse hacia paradigmas sociológicos, paradigmas psicológicos y, aún, económicos que permitan enriquecer el análisis político, la observación del fenómeno político en su conjunto. En la Argentina, hay que romper con estructuras que limitan el análisis al problema del Estado; hay que buscar fundamentos culturales, éticos y pedagógicos más importantes.

Las revoluciones educativas son importantes en la búsqueda del desarrollo porque originan un tipo de ciudadanía culturalmente compatible con la democracia. Pero eso hay que buscarlo, hay que trabajarlo, construirlo, es una arquitectura política. No se da espontáneamente, debe formar parte de un impulso político muy concreto. El administrador de todo eso es el Estado, pero hay un fenómeno mucho más global y significativo. La Ciencia Política en Argentina debería ver más el fenómeno global.

 

Como docente-investigador, ¿cómo entendés el rol del politólogo/a en estos procesos de cambio hacia sociedades más equitativas?

– Creo que el mundo académico tendría que tener una relación más concreta con el mundo del poder. Creo que la academia puede contribuir a transformar positivamente las relaciones de poder en una sociedad, pero tiene que comprometerse y orientar significativamente esos cambios. Tiene que introducir cuestionamientos: cuestionar la sociedad y, sobre todo, cuestionar el sistema de relaciones de poder vigentes. Es decir, pensar en un modelo de sociedad distinto, proponerlo y relacionarse con los núcleos de poder. Tiene que haber más relaciones y más profundas entre la academia, el Estado y la sociedad.

Pero creo que esto forma parte, también, del desarrollo del proceso democrático en su conjunto. No es sencillo, porque el Estado también depende de la apertura que vaya experimentando la sociedad a medida que pase el tiempo, mientras vive la experiencia democrática. En este sentido, desde el ‘83, la experiencia democrática argentina es reciente, es joven y hay mucho por hacer.

 

La temática de la democracia y el desarrollo son objetos centrales en tus investigaciones. ¿Qué podrías decirnos en relación a ellos en el contexto de la Argentina actual?

– Creo que Argentina está en una situación con muy poco margen para experimentar. Creo que estamos parados en un momento donde hay una fuerte exigencia de pacificación social, una fuerte exigencia de integración social y cohesión; pero estas cuestiones no se logran solamente con políticas sino que es un fenómeno que debe tener un horizonte estructural. Debe haber un cambio de las relaciones de poder prevalecientes, que vaya generando un tipo de sociedad más equitativa, más integrada y más cohesionada.

Argentina está en un momento en el que lo estructural y lo coyuntural deben convivir. Quiero decir, el Gobierno actual no tiene margen para hacer sólo estructura, ni tiene margen para hacer sólo coyuntura. Mientras se modifican las relaciones estructurales hacia una sociedad más equitativa, tiene que haber un esfuerzo para que se atiendan las urgencias imprescindibles con las que convivimos, esto es, la pobreza, la marginalidad, la inseguridad, la violencia, los servicios públicos.

 

…y estas cuestiones también son consecuencias de desigualdades sociales estructurales que prevalecen.

– Claro. Esta situación es producto de largos procesos de deterioro de los derechos básicos de las personas, producidos por las crisis en las instituciones políticas, que sí tienen consecuencias. No es gratis convivir históricamente con los golpes de Estado; eso tiene un costo y el costo es la degradación de los derechos de las personas. Y la degradación de los derechos de las personas desemboca en sociedades no-igualitarias, sociedades conflictivas y en sociedades donde hay que luchar por restablecer los equilibrios históricos perdidos. La realidad que tenemos hoy en día es compleja.

 


 

Fotogafía: diariocastellanos.net

 

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