El Estado en los textos sobre la cuestión judía y la Comuna de París de Marx

Por Nicolás Sejas //

La presente monografía repasa la concepción marxiana del Estado a partir de dos textos clásicos: Sobre la cuestión judía (Marx, 2014 [1843]) e Introducción a La guerra civil en Francia (Engels, 2007 [1891]). En Sobre la cuestión judía formula en términos teóricos el problema de la “emancipación humana” y en La guerra civil en Francia plantea las condiciones de una “dictadura proletaria”. En este sentido, aquí se pretende mostrar de qué manera Marx pasó de una interpretación epifenoménica a otra instrumentalista sobre el rol del Estado entre 1843 y 1871. Para eso, se consideran las críticas de Ernesto Laclau a las versiones populares de la teoría marxista del Estado (1981: 25-56) y las reseñas de Horacio Tarcus donde se exponen los géneros discursivos que Marx desarrolló a lo largo de su obra (2014: 8-25).

La estructura del trabajo es la siguiente. Primero, se identifican las preocupaciones teóricas y políticas del joven Marx, se explica de qué manera el autor pasó de una crítica filosófica de la religión a otra política sobre el Estado, y por qué se interesó por el problema de la emancipación humana. Luego, se comentan las características de la revolución que tuvo lugar en la Comuna de Partís en 1871. Finalmente, se resume la concepción marxista sobre el rol del Estado.

1. Las preocupaciones teóricas y políticas del joven Marx

Sobre la cuestión judía es un texto filosófico donde Marx discute con Bruno Bauer el problema de la “emancipación”. El debate se da en un contexto específico en el cual los judíos prusianos de la primera mitad del siglo XIX exigían a la monarquía absolutista de Federico Guillermo III tener los mismos derechos políticos que los cristianos. Al respecto, Bauer afirmaba que la emancipación de los judíos sería posible con la laicización del Estado. En cambio, Marx sostenía que la emancipación se produciría cuando se aboliera el derecho que legitimaba la propiedad privada. En este sentido, Bauer pensaba que la separación entre religión y Estado constituía el camino para alcanzar la igualdad formal entre los ciudadanos de Prusia. Sin embargo, Marx consideraba que estas opiniones reproducían las injusticias del modelo de producción capitalista. La igualdad formal que impulsaba Bauer no solucionaba las desigualdades sociales que observaba Marx. Además, mientras el primero proponía implementar un conjunto de reformas liberales, el segundo promovía una revolución proletaria. Este contrapunto supone una preocupación común en torno al rol que cumpliría el Estado en el marco de un proceso emancipatorio. Al respecto, nos interesa repasar cuál es la concepción de Marx sobre este punto.


1.1.  De la crítica de la religión a la crítica del Estado

En 1841 Karl Marx terminó la carrera de filosofía en la Universidad de Berlín, formando parte de un grupo de jóvenes intelectuales que interpretaban de forma heterodoxa el sistema de Georg W. F. Hegel (1770-1831). Entre los miembros de este grupo se encontraban Ludwing Feurbach, David Strauss, Bruno Bauer, Max Stirner, Friedrich Engels y Arnold Ruge. La preocupación principal de estos hegelianos de izquierda era el desarrollo teórico de una crítica de la religión que luego permitiera la producción de un pensamiento filosófico completamente ateo. Sin embargo, estos jóvenes mantenían posicionamientos políticos muy distintos entre sí que les impedirían alcanzar el objetivo.

En 1842, debido a la publicación de La cuestión judía, el texto de Bruno Bauer que comentamos más arriba, las posiciones se volvieron irreconciliables y el grupo se separó. Concretamente, la división se produjo porque las ideas de Bauer le demostraron a Marx que su crítica superaba ampliamente el terreno de la especulación filosófica en torno al problema de la religión.

Bauer exige (…), de una parte, que el judío abandone el judaísmo y que el hombre en general abandone la religión para ser emancipado como ciudadano. Y, de otra parte, considera (…) la abolición política de la religión como abolición de la religión en general. El Estado que presupone la religión no es todavía un verdadero Estado, un Estado real.

(…) el error de Bruno Bauer reside en que somete a crítica solamente el Estado cristiano y no el Estado en general, en que no investiga la relación entre la emancipación política y la emancipación humana, lo que lo lleva a poner condiciones que sólo pueden explicarse por la confusión. (Marx, 2014 [1843]: 28-31)

Marx afirmaba que Bruno Bauer estaba equivocado si pensaba que alcanzaría con separar la religión del Estado para emanciparse políticamente porque esta separación no anulaba la existencia del Estado. Según Marx, la existencia del Estado suponía un comportamiento religioso en sí mismo. Por eso, escribía, el Estado sin religión es como el cielo de la sociedad civil: apenas una comunidad imaginaria, un epifenómeno de las relaciones materiales de producción.

(…) allí donde el Estado político ha alcanzado su verdadero desarrollo, [el hombre lleva] (…) una doble vida, una celestial y otra terrenal, la vida de la comunidad política, en la que se considera como ser colectivo, y la vida en la sociedad civil, en la que actúa como particular (…) en el Estado, donde el hombre es considerado como un ser genérico, es el miembro imaginario de una imaginaria soberanía, se halla despojado de su vida individual real y dotado de una generalidad irreal (Marx, 2014[1843]: 35).

1.2. De la emancipación política a la emancipación humana

Si la crítica filosófica de la religión que sostenía Bruno Bauer tenía como consecuencia política la emancipación del Estado, la crítica política del Estado esgrimida por Marx conducía a la necesidad de la emancipación humana. Ahora bien, tanto la emancipación de Bauer como la de Marx exigían la realización de un acto revolucionario. Pero la revolución de Bauer era burguesa y la de Marx, proletaria. Según Bauer, la revolución burguesa podría separar la religión del Estado, laicizaría la monarquía absolutista de Prusia y emanciparía políticamente a los judíos perseguidos por Federico Guillermo III. En cambio, la revolución proletaria de Marx anularía cualquier forma de dominación estatal, superaría la igualdad formal que implicaba una mera reforma liberal y emanciparía a la humanidad.

Consideramos que este contrapunto tiene origen en las concepciones que ambos poseen del Estado. Para Bauer (liberal), el Estado es una comunidad política donde todas las personas son iguales ante la ley. Por el contrario, para Marx (comunista) el Estado es una comunidad ilusoria que escinde en dos la vida de los hombres: mientras en su cielo pululan los ciudadanos que conviven teóricamente de manera pacífica gracias al derecho contractual, en su tierra yace el proletariado oprimido por las leyes infernales del capitalismo. Es decir, la concepción de Marx expuesta en el texto Sobre la cuestión judía acentúa el carácter negativo que se deriva de las contradicciones del Estado. Por eso, en la dialéctica materialista de la historia, el Estado y la sociedad civil constituyen términos opuestos, la igualdad formal de la ley oculta la desigualdad social y la representación política deviene en oxímoron.

La contradicción en que el fiel de una religión especial se halla con su ciudadanía no es más que una parte de la general contradicción secular entre el Estado político y la sociedad burguesa. (…) La emancipación del Estado con respecto a la religión no es la emancipación del hombre real (…). Por eso nosotros (…) decimos (…) que la misma emancipación política no es la emancipación humana (Marx, 2014 [1843]: 41).

En este sentido, Sobre la cuestión judía permite desmontar el velo ideológico de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1791: la máxima expresión de la emancipación política a fines del siglo XVIII.

¿Qué es el derecho a la libertad? (…) La libertad es el derecho de hacer y emprender todo lo que no dañe a otro. El límite dentro del cual puede moverse todo hombre (…) como la empalizada marca el límite entre las tierras. Se trata de la libertad del hombre como una mónada aislada (…). La aplicación práctica del derecho humano de la libertad es el derecho humano de la propiedad (…) el derecho a disfrutar del patrimonio y a disponer de él arbitrariamente (…). De esta manera, los llamados derechos humanos (…) lejos de concebir al hombre como ser genérico [lo] hacen aparecer [como] individuos [unidos] por el interés privado, la conservación de su propiedad y de su persona egoísta (Marx, 2014[1843]: 44-46).

Así, Marx le demostró a Bauer de qué manera las instituciones del derecho liberal surgidas con la Revolución Francesa contribuyeron a reproducir las desigualdades sociales en el marco de un Estado capitalista. Sin embargo, sus conclusiones también abrieron un conjunto de cuestionamientos filosófico-políticos: ¿bajo qué condiciones sociales es posible la emancipación humana? ¿Quién es el sujeto que protagonizará esa emancipación, y por qué? ¿De qué manera se organizarán las sociedades cuando cese la opresión de las clases y del Estado? Son preguntas que Marx se formuló en 1843 cuando tenía apenas 25 años pero que interpelan desde entonces tanto a las izquierdas políticas como a las ciencias sociales.

2. El contexto para una teoría de la revolución

Hacia principios de 1870, casi treinta años más tarde del debate con Bruno Bauer, el proceso histórico y político de Europa le permitió a Marx encontrar una respuesta relativamente satisfactoria al problema de la emancipación humana. En estricto rigor, para esta época el autor alemán había abandonado la utilización del término “emancipación” y prefería hablar de “revolución”, pero el contenido político del concepto aún era confuso. ¿Qué debía reivindicar el proletariado concretamente? ¿Cómo se abolirían los antagonismos de clases? ¿Cuándo se lograría este objetivo y de qué manera se lo podría apreciar? ¿Alcanzaría con mejorar las condiciones laborales de los trabajadores? ¿O se debía en realidad hacer algo más? Algunas de estas respuestas llegaron con los eventos que tuvieron lugar en la Comuna de París durante la guerra franco-prusiana y a los cuales Marx se refirió en el manifiesto presentado a los miembros del Consejo General de la Asociación Internacional: La guerra civil en Francia.

2.1.  La comuna de París de 1871

La Comuna de París fue una experiencia revolucionaria que en 1871 eliminó todos los privilegios de los funcionarios, congeló los alquileres, expropió los talleres abandonados, limitó el trabajo nocturno, garantizó la subsistencia de pobres y enfermos y puso fin a la anarquía y la competencia ruinosa entre trabajadores (Oxley, 2001: 3). Las condiciones que hicieron posible esta experiencia fueron la situación política, social y económica de Francia durante la segunda mitad del siglo XIX.

En 1852 Napoleón Bonaparte III dio un golpe de Estado para establecer un imperio que se proponía extender las fronteras del país. Sin embargo, alcanzar este objetivo implicaba pauperizar los salarios de los trabajadores ya que el gobierno debía incrementar los impuestos en forma permanente para sostener las contiendas bélicas que permitían la ampliación del territorio. En este sentido, los más afectados fueron los obreros de París.

Hacia fines de 1860 la situación económica era insostenible y Francia le declaró una guerra a Alemania. El ejército de Napoleón III debió capitular ante Otto von Bismarck, quien, animado por este triunfo, intentó atacar Paris para derrocar definitivamente al emperador. Ante la arremetida, el Congreso de la ciudad declaró un gobierno de Defensa Nacional y permitió que todos los parisinos empuñaran las armas para evitar la penetración. Entonces, Napoleón III trasladó su gobierno imperial a Versalles y durante 6 meses París resistió las tropas bismarckianas sumida en un vacío de poder.

Dada esta confusa situación política, los artesanos y obreros parisinos tanto comunistas como socialistas se organizaron para instaurar una dictadura proletaria. El nuevo gobierno estableció un sistema republicano, tomó las medidas revolucionarias ya comentadas y se hizo conocer como la Comuna de París. La respuesta de Francia no se hizo esperar. Napoleón III pactó un acuerdo con Otto von Bismarck y juntos atacaron a los revolucionarios. La unión de los ejércitos estaba liderada por el General Louis Adolphe Thiers quien contaba con el apoyo del campesinado y venció en mayo de 1871, en un enfrentamiento sanguinario que dejó 50 mil proletarios muertos.

Al respecto, La guerra civil en Francia es una reflexión teórico-política donde Marx estudia minuciosamente el proceso aquí resumido. ¿Pero cuál fue la conclusión que Marx extrajo de este singular hecho histórico?

2.2. La destrucción del Estado burgués

Una de las conclusiones que Marx extrajo fue la confirmación de una tesis que había escrito en El 18 Brumario de Luis Bonaparte: al tomar el poder, el proletariado no puede gobernar con la vieja máquina del Estado, también debe destruirla y sustituirla. En este sentido, La guerra civil en Francia señala de qué manera llevar adelante dicha tarea ya que, para Marx, la Comuna de París constituye un modelo ejemplar de Estado revolucionario.

La comuna tuvo que reconocer desde el primer momento que la clase obrera, al llegar al poder, no podía seguir gobernando con la vieja máquina del Estado; que, para no perder de nuevo su dominación recién conquistada, la clase obrera tenía, de una parte, que barrer toda la vieja máquina represiva utilizada hasta entonces contra ella, y, de otra, precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción, revocables en cualquier momento. ¿Cuáles eran las características del Estado hasta entonces? En un principio, por medio de la simple división del trabajo, la sociedad creó los órganos especiales destinados a velar por sus intereses comunes. Pero, a la larga, estos órganos, a la cabeza de los cuales figuraba el poder estatal, persiguiendo sus propios intereses específicos, se convirtieron de servidores de la sociedad en señores de ella (Engels, 2007 [1891]: 20).

Para Marx, un Estado revolucionario debe eliminar el aparato represivo del Estado y transformar la estructura de representación política de manera que se evite el anquilosamiento de legisladores y funcionarios en sus cargos. Pero las razones sociales que producen este anquilosamiento suponen un leve cambio teórico de grandes consecuencias prácticas en la concepción marxista del Estado.

Si es cierto que “por medio de la simple división del trabajo la sociedad creó los órganos especiales destinados a velar por sus intereses comunes”, entonces las estructuras políticas y burocráticas ya no son un mero epifenómeno de las relaciones materiales de producción como se afirmaba en la discusión con Bauer. Es decir, ahora el Estado político ya no es una comunidad ilusoria y tampoco “se comporta con respecto a la sociedad civil de un modo tan espiritualista como el cielo respecto a la tierra”.
Las diferencias son claras. En el texto de 1843 Marx critica el derecho burgués porque santifica la libertad individual y la propiedad privada. En cambio, su escrito de 1871 observa qué cosas realiza el proletariado al detenta el poder (cuáles son las decisiones que toma al disponer de los medios de coerción y de la materialidad institucional del Estado). Esto implica una reflexión sobre la “posesión” de la maquinaria estatal y, consecuentemente, un esbozo de teoría revolucionaría: hay una concepción instrumental del Estado.

(…) la clase obrera no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del Estado tal y como está y servirse de ella para sus propios fines (…).El régimen de la Comuna habría devuelto al organismo social todas las fuerzas que hasta entonces venía absorbiendo el Estado parásito, que se nutre a expensas de la sociedad y entorpece su libre movimiento (…). La comuna (…) presuponía destruir las dos grandes fuentes de gastos: el ejército permanente y la burocracia del Estado. (…).La Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera (…) la forma política al fin descubierta para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo (…). Sin esta condición, el régimen de la Comuna habría sido una imposibilidad y una impostura (Marx, 2007 [1871]: 67-72).

3. Conclusión

Como observamos a lo largo del texto, entre 1843 y 1871 Marx pasó de una visión epifenoménica a otra instrumental. La visión que expuso al debatir con Bruno Bauer en el texto Sobre la cuestión judía concibe al Estado como una comunidad imaginaria. En esta comunidad la vida de los hombres se encuentra escindida: por un lado, los ciudadanos que participan del mundo político son iguales ante la ley; por otro, los proletarios y burgueses que participan del mundo social son económicamente desiguales. En este sentido, el Estado se levantaría como un epifenómeno de las relaciones de producción y a través del derecho burgués ocultaría las injusticias del sistema capitalista.

Por el contrario, la visión que Marx expuso ante los miembros de la I Internacional con La guerra civil en Francia concibe al Estado como un instrumento de la dominación de clase. Este instrumento sería utilizado por la burguesía para nutrirse del excedente de la sociedad y sostener así las estructuras militares y burocráticas. En este sentido, el Estado tiene una materialidad y cumple un rol específico en la reproducción del sistema capitalista.

Ahora bien, ambas concepciones resultan contradictorias entre sí y tienen implicancias políticas diferentes. El Estado como comunidad ilusoria postula la necesidad lógica de la emancipación humana y da a entender que ésta se alcanzaría recién cuando se logre la total deslegitimación del derecho burgués. En cambio, el Estado como un instrumento de dominación postula la necesidad práctica de su destrucción mediante una revolución comunista. En este sentido, la posición crítica del joven hegeliano de izquierda supone ideas menos radicales que el intelectual de la I internacional.

La elaboración de esta monografía fue posible gracias a las claves de lectura de Ernesto Laclau (1981) y Horacio Tarcus (2014). Al repasar las contradicciones internas del Estado marxista, Laclau ofrece un panorama general del asunto. Y al reseñar los géneros discursivos que empleó a lo largo de su vida, Tarcus permite captar de qué manera se fueron transformando los intereses cognoscitivos de Marx.

De esta manera, pudimos dar cuenta de la vitalidad del pensamiento de Karl Marx, y apreciar problemáticas y cuestionamientos aún vigentes.

*El autor es estudiante avanzado de la Licenciatura en Sociología de la UNL.


Bibliografía

  • Engels, Federico. (2007). Introducción. En Karl Marx, “La guerra civil en Francia”. Madrid: Fundación Federico Engels, págs. 7-23
  • Karl, Marx. (2007). La guerra civil en Francia. Madrid: Fundación Federico Engels
  • Karl, Marx. (2014). Sobre la cuestión judía. En Karl Marx, “Antología”. Buenos Aires: Siglo XXI, págs. 27-59
  • Laclau, Ernesto. (1981). Teorías marxistas del Estado: debates y perspectivas. En Norbert Lechner (coord.), “Estado y política en América.
  • Latina”. Buenos Aires: Siglo XXI, págs. 25-56
  • Oxley, Greg. (2001). La comuna de Paris de 1871. Disponible en: http://centromarx.org/index.php/documentos/historia/europa/francia/99-la-comuna-de-paris-de-1871. Última consulta: 1 de diciembre de 2015
  • Tarcus, Horacio. (2014). Leer a Marx en el siglo XXI. En Karl Marx, “Antología”. Buenos Aires: Siglo XXI, págs. 8-25

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