Justicia y mercado en Michael Walzer. Una lectura crítica

Por Gabriel Diaz //

Este artículo propone una lectura crítica de la teoría de la igualdad compleja de Michel Walzer. Para ello repasa, en primer lugar, los elementos fundamentales de la teoría de los bienes sociales y la propuesta de igualdad compleja como autonomía de esferas contenidas en su clásica obra Las esferas de la justicia. Una defensa del pluralismo y la igualdad (1983). Posteriormente hace una lectura crítica de su aplicación a la esfera del mercado, señalando la insuficiencia de su propuesta con respecto al mercado de la fuerza de trabajo y con respecto a otras problemáticas contemporáneas sobre las que la teoría de Walzer no permite más que una respuesta relativista. A su vez desarrolla una crítica a la dificultad de mantener las esferas autónomas en tanto que el otorgamiento de significados a los bienes sociales no puede hacerse sin transgredir fronteras, estableciendo otras nuevas.

Teoría de los bienes sociales.

Los bienes que median en las relaciones entre las personas son definidos por Walzer en Las esferas de la justicia, como aquellas cosas que se conciben, se hacen y distribuyen, entendiendo por distribuir aquello que se comparte, divide e intercambia. Según la perspectiva de Walzer, antes de producirse los bienes se conciben, antes de llegar a nuestra mano un bien es antes creado y antes que creado es concebido. (Walzer, 1983).

Las personas conciben y crean bienes que luego distribuyen entre sí. En este sentido, Walzer se concentra en el primer proceso, basándose en la tesis de que los bienes no aparecen de una forma inexplicable o “mágica” en nuestras manos, sino que al iniciarse la distribución ya vienen cargados de significados que imprimen una determinada lógica que guía la actividad y la conducta de las personas. En este sentido, los bienes tendrían, desde mi punto de vista, una “vida propia” de la que se deriva un determinado comportamiento humano.

En el modelo de igualdad compleja de Walzer se hace necesario un estudio o una teoría de bienes sobre la cual basar el modelo de igualdad compleja. Walzer considera seis características fundamentales para definir a los bienes.

En primer lugar, para Walzer la naturaleza de los bienes es social. Es decir que son el producto de un proceso de creación. El significado de los bienes es socialmente compartido. No interesa a Walzer el significado que un individuo aislado o en el ámbito de su vida privada o interior pueda otorgar a un determinado bien. Es decir que no interesan los gustos personales o las elecciones racionales supuestamente universales. Esto no altera el significado social que comparte una comunidad determinada sobre los bienes que crean, comparten e intercambian. De esto podemos inferir que cambiar el significado de un bien social depende de cambios sociales, culturales, institucionales, que tienen carácter colectivo. El significado de un bien social puede variar porque es histórico, o sea que cambian con el contexto histórico. Pero varían además geográficamente, es decir que un bien social en un lugar geográfico y culturalmente distinto a otro puede tener y generalmente tiene un significado distinto. El ejemplo que puede ilustrar el enfoque de Walzer es el de la vaca, que puede ser un alimento para algunos países, pero en la India es considerada como un animal sagrado que no puede ser sacrificado.

En segundo lugar, a través de la forma en que se conciben, se crean, se poseen y se utilizan los bienes en el mundo material y moral en el que viven los seres humano se constituyen identidades concretas. Para Walzer, y esto constituye la tercera característica de los bienes sociales, un bien social tiene significados diferentes para distintas personas y en diversos contextos y como consecuencia no es posible formular una lista universal y general de bienes primarios como proponen las teorías universalistas.

En cuarto lugar, los significados sociales de los bienes determinan sus movimientos. Por esto mismo los criterios distributivos no tienen que ser establecidos por una supuesta naturaleza universal de los bienes. Los criterios de distribución de un bien dependen de su condición variable. Por esto mismo, y en esto radica la quinta característica, los significados sociales de los bienes tienen un carácter histórico, de ahí que los criterios de distribución varíen a través del tiempo.

Por último, se concluye que cada proceso de distribución de bienes constituye una esfera cuya relación con otras esferas es legítima si se mantienen mutuamente autónomas (Walzer, 1983). El dinero, por ejemplo, como bien mediador se usa en esferas, como la de la creencia religiosa, el reconocimiento, o la de la educación, que no le corresponden.

En esta concepción sobre los bienes sociales Walzer fundamenta su propuesta distributiva de la igualdad compleja.

Igualdad compleja.

De la teoría de los bienes sociales se desprende la propuesta de la igualdad compleja. Como se puede inferir, Walzer analiza la justicia distributiva desde una óptica relativista que se basa en las particularidades de cada sociedad. Para el autor la justicia es una construcción humana que no puede ser realizada de una sola manera. Cada sociedad particular establece unos significados a los bienes sociales y realiza la justicia de acuerdo a esos significados ya que de ellos se deriva la asignación a cada bien de una determinada esfera con su propia lógica de distribución. La distribución de los bienes depende de estos significados. Por eso mismo los principios de la justicia no pueden ser universales. Por el contrario, los principios de justicia han de ser plurales producto del particularismo histórico y cultural. Walzer polemiza con los filósofos que han propuesto modelos de justicia en base a un criterio universal valido para cualquier tipo de relación en cualquier esfera de acción. En el modelo de igualdad compleja, en cambio, cada contexto, cada esfera, demanda un criterio distributivo distinto.

Cada bien social, a partir de los significados socialmente compartidos, pertenece a una esfera que se desarrolla de acuerdo a criterios distributivos particulares. Walzer considera que es necesario mantener la autonomía de cada esfera evitando, de esta manera, la tiranía de los bienes dominantes producto de la invasión de su lógica de distribución en otras esferas que se rigen por otros criterios en función del significado del bien social de que se trate.

El modelo de igualdad compleja de Walzer se presenta en contraposición a lo que denomina modelo de igualdad simple. La igualdad simple exige igualar en cantidad, o equiparar las posiciones de los agentes otorgando cantidades iguales de determinado bien. En este sentido su enemigo a combatir es el monopolio. La igualdad compleja, por el contrario, admite desigualdades al interior de las esferas y, en este sentido, no considera necesario evitar los monopolios sino evitar que un bien de una esfera se vuelva predominante, es decir que la acumulación de ese bien permita extender su lógica de distribución hacia otros bienes sociales. La idea de que distintos bienes deben distribuirse de modo diferente conforme a su significado implica un rechazo a la posibilidad de que pueda permitirse lo que Walzer llama “conversiones” entre las diferentes esferas de bienes. Así, por ejemplo, se señala como inaceptable que el dinero, que encuentra sentido dentro de la esfera del mercado, ocupe un papel significativo en el modo en que se distribuyen honores; como no resulta aceptable que la situación familiar de un individuo influya en el modo como se distribuyen los puestos de trabajo. Para seguir con el ejemplo del dinero, podemos decir que lo que le interesa destacar a Walzer no es la distribución desigual de la riqueza, sino el hecho de que el dinero sea capaz de brindarle, a quien lo posee, un acceso privilegiado a bienes tales como la salud, la educación u otros bienes. Esto, según Walzer, nos revela que un cierto bien se ha convertido en bien dominante que tiraniza sobre los demás bienes. Por lo tanto, existe esta tiranía cuando no se respetan los principios internos de cada esfera distributiva como lo propone en su modelo de igualdad compleja.

El conflicto social es endémico en un modelo de igualdad simple. Esto quiere decir que es un modelo distributivo altamente inestable, porque al devaluar el bien dominante (en la medida en que todos poseen una porción por igual) abre paso a la dominación de otro bien: el poder político. Esto es así porque para distribuir con la lógica de la igualdad simple hace falta un alto nivel de intervencionismo estatal para mantener un control centralizado y efectivo sobre los patrones de distribución. Cuando los significados son distintos las distribuciones deben ser autónomas, por lo que todo bien social o conjunto de bienes sociales constituye, según el autor, una esfera distributiva dentro de la cual sólo ciertos criterios y disposiciones son apropiados. “El dinero es inapropiado en la esfera de las investiduras eclesiásticas y la piedad no debería constituir ventaja alguna en el mercado” (Walzer, 1983: 7-21).

Walzer parte de la premisa de que estas relaciones obligan a las personas a conducirse dentro de una esfera orientada por lógicas externas a la misma o, continuando la definición basada en Pascal, que Walzer utiliza, a actuar sin autonomía, en la medida en que una persona deseara obtener un bien por unos medios que pertenecen a otra esfera. (Walzer, 1983). De este enfoque se desprende el principio de igualdad compleja: “Ningún bien social X ha de ser distribuido entre hombres y mujeres que posean algún otro bien Y simplemente porque poseen Y sin tomar en cuenta el significado de X” (Walzer, 1983: 33).

Una lectura crítica de la aplicación del modelo de igualdad compleja a la esfera del mercado.

La esfera del mercado es uno de los problemas que ocupan un lugar preponderante en las reflexiones de Walzer. La forma de abordar esta cuestión es a través del planteamiento de dos preguntas cruciales como punto de partida: ¿qué es lo que el dinero puede comprar? y ¿cómo se distribuye? Walzer distinguió entre la esfera del dinero y la esfera de los derechos. Estos últimos, son aquellas cosas que el dinero no puede comprar o “intercambios obstruidos”, según su propio lenguaje. Los intercambios obstruidos impiden cualquier transacción en relación a los seres humanos, los votos de los ciudadanos, el poder político y su influencia, la justicia, la libertad de expresión, las decisiones de los funcionarios, etc. Es decir, el dinero no puede comprar una serie de derechos considerados básicos.

Ahora bien, la obra de Walzer que aquí se analiza sugiere una serie de interrogantes sobre los cuales resulta interesante indagar. ¿Cómo las sociedades otorgamos significados a los bienes sociales? Walzer nos dirá que se otorgan social e históricamente. Para Walzer esto puede suceder en esferas separadas, aunque un poder político descentralizado sea quien las coordine, por tanto la autonomía de las esferas es relativa.

Si como hemos visto Walzer establece que el poder, las personas, el amor etc. son cosas que el dinero no puede comprar, surge entonces otro interrogante interesante, y es que al ser el significado de los bienes histórico y social ¿cómo es que no pueden traspasarse esas fronteras? ¿Acaso el significado que socialmente asignamos a los bienes no implica a la vez asignarles un lugar dentro de una esfera, sacándola de otra en que lo colocaba la anterior significación que tenía? Creo que el hecho de establecer socialmente significados a los bienes puede hacer que las cosas que el dinero no podría comprar, luego de cambiado el significado, entren en la esfera del mercado, un ejemplo típico es la esclavitud, en donde las personas eran significadas como mercancías. Pero otro ejemplo más contemporáneo es la mercantilización de la fuerza de trabajo. Podemos asignarle el carácter de mercancía como sucede en la sociedad capitalista o podemos pensar que es un bien que debe usar el ser humano de manera libre, sin enajenarlo. ¿Por qué entonces no se puede pensar en la conversión de los derechos en mercancía? Mientras siga habiendo otros bienes que consideremos por fuera de su esfera, es posible pensar que en tanto el mercado no convierta absolutamente todo en mercancía siempre parecerá que se mantiene dentro de su esfera, porque precisamente al significar cualquier bien como mercancía se los coloca dentro de su esfera de distribución y se lo saca de otra.

Es este relativismo de Walzer lo que lo obliga a establecer una esfera de derechos que el dinero no puede comprar y que por lo tanto debieran regirse por criterios ajenos a los del mercado. ¿Son universalizables estos derechos? Walzer es un crítico tenaz del universalismo sin embargo aquí parece caer en sus redes.

El problema de este relativismo es que deja sin resolver cuestiones tan importantes y que han generado debates candentes y profundos en las sociedades contemporáneas. Ejemplo de ello es la discusión sobre la prostitución. Por un lado es considerada un servicio sexual, por lo tanto como una actividad regida por la lógica de la distribución mercantil. Otros actores sociales, por el contrario, consideran la prostitución como explotación sexual, por lo que debería abolirse su comercialización. Otro ejemplo conflictivo es el del aborto. ¿Tiene derecho la esfera del poder político a penalizar la libertad de las mujeres sobre su propio cuerpo? Ya que no es posible para Walzer establecer racionalmente principios universales estos debates deberán ser resueltos por la sociedad y dependerá de los significados que establezca. La cuestión es que podrían asignárseles significados que los coloquen en la esfera de los derechos o en la esfera del mercado y no sabríamos de ninguna manera si hay o no una invasión de esferas. Creo que tal vez pueda completarse la teoría distributiva de Walzer a la luz de una teoría de la hegemonía y de la ideología que considere más en profundidad cómo es el proceso mediante el cual le otorgamos significados a los bienes sociales y establecemos, en ese proceso, las pautas que regirán su distribución.

Otro aspecto de la teoría de Walzer que podemos analizar de manera crítica, se relaciona con el concepto de predominio y el concepto de monopolio de un bien social. Como se ha dicho, para Walzer es aceptable el monopolio, lo que no puede ocurrir es que ese monopolio sirva a quien lo posee para transgredir las fronteras de su propia esfera y exportar su lógica a otras. Esto constituye para el autor una tiranía que convierte al bien monopolizado en bien dominante. Para que esta dominación no se produzca es necesario que cada bien se mantenga en su propia esfera distributiva.

Dentro del mercado el bien fundamental es el dinero. La posibilidad de conversión del dinero, es decir, su invasión sobre otras esferas es producto de su carácter de bien predominante. En este punto la crítica que considero necesaria hacer es que este “imperialismo” se relaciona más al monopolio que al predominio y se basa más en la estructura social que en las significaciones que podamos otorgarle en abstracto al bien dinero. La división del sistema capitalista en propietarios de los medios de producción y asalariados indica un monopolio de un determinado bien (el capital), y la falta absoluta de ese mismo bien en el otro sector fundamental de la sociedad que es la clase productora. Esta carencia de capital producto de su monopolización obliga al productor (aunque aparezca como una decisión libre) a vender en el mercado su poder de trabajo, es decir: sus habilidades y capacidades manuales e intelectuales denominadas fuerza de trabajo. ¿Cuál es la lógica de distribución de la fuerza de trabajo? En el sistema de producción capitalista es la del mercado, ya que la fuerza de trabajo es considerada una mercancía. ¿Constituye esto una invasión? El transformar un bien social, es decir, las habilidades y capacidades intelectuales y manuales en una mercancía ¿equivale a una invasión de esfera del mercado? Walzer parece no ver este fenómeno constitutivo y primario de la sociedad capitalista. El monopolio de los medios de producción constituyen al bien social capital en bien dominante no por el significado que tenga en abstracto sino a partir de que su monopolización, es decir, la desigualdad creada por la división entre propietarios y desposeídos genera las condiciones de su conversión, por lo tanto nace invadiendo la esfera de la libre creación de bienes, de disponer libremente del poder transformador del trabajo. Es decir que para concebir un bien como la fuerza de trabajo de una determinada manera, esto es: como mercancía, ha sido necesaria una desigualdad en su posesión, un monopolio primario a partir del cual comienzan a significarse otros bienes sociales y a invadir las fronteras de otras esferas desde el inicio mismo de su constitución. Esto es el núcleo central constitutivo del sistema capitalista, algo que la igualdad compleja de Walzer no ha considerado en toda su dimensión.

*El autor (gabydiazcp@gmail.com) es Lic. en Ciencias políticas por la Universidad Nacional de San Juan y estudiante de la Maestría en Filosofía de la Universidad Virtual de Quilmes.


Bibliografía

  • Walzer, M. (1993). Las esferas de la justicia. Una defensa del pluralismo y la igualdad. México: FCE.

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  1. Jorge Tejada dice:

    Muy buena publicación. Muy profunda nos da la idea de una apropiación de conocimiento desigual al común de las personas que sólo utilizan las neuronas del bajó vientre.

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