Nosotros, vosotros, ellos: Populismo penal en el discurso de Massa durante la campaña 2015

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Por Joel Theytaz //

Al hablar de (in)seguridad ciudadana, se ha instalado en el sentido común la asociación de palabras como delito, delincuente, delincuencia, con ciertas formas de violencia que afectan a la cotidianeidad; cuando se usan estas palabras, típicamente vienen asociadas al vandalismo, robos, homicidios, violencia de género o, en casos excepcionales, a formas organizadas del crimen como el narcotráfico o la trata de personas, pero difícilmente se las utilice en el marco de delitos cuya incidencia en el deterioro del tejido social -ergo la inseguridad y la violencia que provocan- no es percibida como directa, esto es, los llamados delitos “de cuello blanco”, delitos propios de la actividad económica o financiera, delitos asociados a la evasión impositiva o a la explotación laboral, delitos de carácter ecológico, entre otros. Esta vinculación de los delitos, podríamos decir más toscos, con la inseguridad cotidiana y la falta de respuestas concretas, se convierten en factores de peso en la evaluación ciudadana de la gestión de gobierno, factores de peso a la hora de las elecciones y, naturalmente, factores de peso a la hora de elaborar la oferta electoral por parte de los candidatos.

A su vez, esta vinculación viene asociada a los estereotipos del sujeto desviado que comete esos delitos, estereotipos que sintetizan una serie de prejuicios que circulan en toda sociedad y en toda época. A principios del siglo XX, por ejemplo, Lombroso (1902) advertía sobre los caracteres que con frecuencia se encuentran en los delincuentes natos: la escasa capacidad craneal, los senos frontales muy desarrollados, la piel abundante en pigmentación, entre otros; hoy en día esta caracterización ha devenido en la imágenes del “chorro”, que generalmente es un varón, joven, pobre, con la piel abundante en pigmentación, que viste ropa deportiva y usa visera.

Esta asociación a la que se hace referencia, se convierte en la argamasa de los reclamos de un determinado sector de la sociedad, reclamos que sirven para retroalimentar a ese sistema constructor de estereotipos que es el sistema de medios de comunicación, y así marcar la agenda de los actores políticos. Las preocupaciones de la sociedad –y el delito entre ellas- son una oportunidad para la política como mecanismo a través del cual es posible la construcción de consensos sociales y dan lugar a una nueva relación entre las propuestas de los políticos en materia de políticas públicas, la ciudadanía y los expertos. En este contexto los políticos buscan soluciones rápidas, los expertos son menos influyentes y la opinión pública se torna un punto clave de referencia para evaluar las diversas opciones; esa nueva relación cristaliza en populismo penal, esto es “una forma populista de elaboración de la política penal –en el nombre de ‘lo que la gente piensa y quiere’– que se inclina hacia el incremento de la punitividad pero que es estructurada, en cierta medida, a partir de y acompañada por la movilización de ciertos sectores del público que se construyen en torno a la figura de la víctima como un sujeto con una autoridad moral nacida del sufrimiento” (Sozzo, 2016:197).

Con la mira puesta en el populismo penal como concepto sensibilizador, se propone en este trabajo explorar cómo y a través de qué elementos retóricos opera este en el discurso. Para ello se analizarán discursos del ex-candidato a presidente en 2015, Sergio Massa, tomando como unidad de observación tres momentos de la campaña. El recurso del análisis del discurso responde al de hecho de que, en definitiva, “las prácticas discursivas ponen de manifiesto que hablar es algo más y es algo diferente que exteriorizar un pensamiento o describir una realidad: hablar es algo, es crear aquello de lo que se habla cuando se habla” (Íñiguez Rueda, 2003:78). Se trata con este método de desentrañar, ni más ni menos, aquello que se comunica a través del discurso, más allá de lo que se dice.

En contexto

Sergio Massa es un político y abogado argentino que comenzó en su adolescencia la militancia en las filas de la Unión de Centro Democrático (UCeDe) de Alvaro Alzogaray, un partido liberal conservador que en la década del ’90 se sumaría a las filas del menemismo. Trabajó en el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación durante la gestión de Ramón “palito” Ortega, luego sería diputado provincial en la Provincia de Buenos Aires, Director Ejecutivo de ANSES durante las presidencias de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, dos veces intendente de Tigre, Jefe de Gabinete de Ministros de Cristina Fernández durante poco menos de un año, Diputado Nacional desde 2013 y candidato a presidente en 2015.

En 2013 formó un frente de centroderecha para competir en las elecciones de ese año, el Frente Renovador (en adelante FR), con el cual ganó las elecciones a Diputados Nacionales en el distrito Buenos Aires obteniendo el 43,95% de los votos, caudal que convierte al FR y a su líder en una voz relevante a la hora de tomar decisiones y negociar leyes en el Congreso de la Nación. Este nuevo partido, a través de las voces de sus dirigentes, se enfocó desde el inicio en reformas al impuesto a las ganancias, reformas al sistema previsional y, fundamentalmente, en reformas en materia penal, teniendo su momento de gloria en el año 2014 al oponerse al Anteproyecto de Reforma del Código Penal, impulsado por el kirchnerismo, pero en el que habían trabajado expertos en la materia de diferente procedencia partidaria. En ese momento, Massa y el FR se lanzaron a la recolección de firmas entre la ciudadanía para legitimar su posición, a modo de consulta popular, lo cual convierte al FR en un interlocutor válido en le Congreso para el gobierno nacional a la hora de impulsar la reforma penal y una baja en la edad de imputabilidad como solución a los problemas de seguridad.

El análisis

En virtud de la brevedad, el corpus de este trabajo está compuesto por tres recortes de la campaña: un segmento del lanzamiento de la campaña Massa 2015 en el Estadio del C. A. Velez Sarsfield; un spot de campaña enfocado en la cuestión de la seguridad; y el segmento del Debate Presidencial 2015 correspondiente al eje Seguridad y Derechos Humanos. Fueron seleccionados exclusivamente momentos en los que es el candidato el que habla, en los que hace referencia a la seguridad ciudadana o a la cuestión penal, por condensar los principales conceptos en estas materias esbozados por el candidato y por haber alcanzado un punto de saturación en el que agregar más discursos ya no hubiera aportado nada nuevo. El mensaje, al formar parte de una campaña electoral, apunta a movilizar sentimientos en los prosélitos, a concitar adhesiones en torno a ciertas políticas punitivas que serían impulsadas de ganar quien las enuncia. Si tenemos en cuenta que, como dice Castells (2000), la “creciente restricción de la exposición en los medios del contenido de las propuestas políticas (…) lleva a una simplificación extrema de los mensajes político”, las palabras y las oraciones pronunciadas deberán tener el mayor impacto posible. Se muestra a continuación cómo el enunciador se sirve de recursos retóricos como la metonimia, la hipérbole o deícticos que buscan construir un “nosotros” honesto contra el “ellos” delincuente.

Nosotros, vosotros, ellos

Los elementos deícticos son piezas relacionadas con el contexto en el sentido de que su significado concreto depende completamente de la situación de enunciación, básicamente de quién las pronuncia, a quién, cuándo y dónde. En el lanzamiento de campaña, Massa advierte que no se resigna “a vivir en un país donde el delincuente tenga más derecho que la víctima”, definiendo discursivamente un grupo de víctimas, honesto, y un grupo de delincuentes para, más adelante, sumarse a los primeros, como se ve en estas palabras con las que termina su alocución: “Quiero, en definitiva, decirle a cada mamá, a cada papá, a cada abuelo, que en la Argentina que viene los chorros (sic.) van a estar donde tienen que estar, en la cárcel, y sus hijos y sus nietos van a volver tranquilos a la calle, van a volver a recuperar la libertad frente al miedo de que hoy los delincuentes nos tomaron la calle”. Los “chorros” no tienen “mamá, papá, abuelo”, en este discurso quedan por fuera de la sociedad y su estereotipo es una verdad pétrea, una definición en la que no hay lugar para la discusión. Lo mismo pasa con otras definiciones que usa Massa como dadas por sentado, aferrándose y reproduciendo un sentido común irreflexivo, donde el “chorro”, el “narcotraficante”, el “delincuente” son solo sujetos de aplicación de la ley penal y no sujetos estereotipados participes de fenómenos un tanto más complejos que lo que alcanza a dimensionar la irracional voluntad popular. Estos segmentos del discurso son un claro ejemplo de lo que decimos cuando hablamos de “populismo penal”. En palabras del criminólogo Máximo Sozzo:

“Esta movilización colectiva apela fuertemente al despliegue entre los ciudadanos de emociones y sentimientos de carácter negativo con respecto al delito y al delincuente –odio, indignación, miedo– pero también en torno a la creación de un “nosotros”, los ciudadanos “honestos” que siempre podemos devenir víctimas del delito (…) Se rescatan aquí elementos de un pretendido “sentido común” del “hombre común” -fundamentalmente de clase media– con respecto al problema del delito contra el saber experto y se sacude e interpela lo que es visualizado como el “establishment” en el terreno de las políticas de control del delito” (Sozzo, 2016:197-198).

Narcotráfico, metonimia y exacerbación deíctica

La utilización de la voz “narcotráfico” para hablar del crimen organizado en torno a la producción, distribución y comercialización de alcaloides, sobre todo cocaína y marihuana, constituye un claro ejemplo de metonimia. Este fenómeno articula varios vectores (políticos, económicos, sociales, (i)legales, bélicos, culturales, religiosos) cuya investigación excede con creces al presente trabajo, pero lo que interesa aclarar es que se trata de un fenómeno extremadamente complejo que se suele resumir en la palabra “narcotráfico”, cuando en última instancia, el tráfico es solo una de las partes.

En el discurso de Massa, la voz metonímica “narcotráfico” aparece en todo momento, en el lanzamiento de campaña y en el spot, y siempre aparece con cierta agencia sobre “nuestros hijos” o “los más jóvenes”. En el segmento del lanzamiento invita a que “cuidemos nuestras fronteras del narcotráfico, pongamos ley de derribo en la Argentina. No tengamos miedo de voltear en nuestro espacio aéreo a quienes vienen a matar a nuestros hijos”. Acá se ve como “ellos” vienen a matar a “nuestros hijos”, mientras que en el spot, y usando casi las mismas palabras, se comunica algo totalmente diferente. En el spot, que dura unos 59 segundos, Massa hace otra propuesta: “En frente tenemos un enemigo de verdad (…) estoy hablando del narcotráfico. Mi propuesta es concreta: Quiero una ley de Seguridad Ampliada, para que las Fuerzas Armadas (Ejército, Fuerza Aérea y Marina) puedan atacar y bloquear la frontera. Pero también, ayudar y entrar en los barrios más humildes, que es el lugar donde los narcos infectan a los más jóvenes”. En este caso aparece la palabra “entrar” en referencia a los barrios más humildes, donde “los más jóvenes” ya no son “nuestros”, sino que están ahí, adentro de esos barrios, a donde va a enviar a las FF.AA. a “ayudar”.

Hipérboles y recortes estratégicos de la verdad

La hipérbole, dice Barthes (1993), “consiste en exagerar: sea incrementando (áuxesis: corre más rápido que el viento), sea disminuyendo (tapinosis: más lento que una tortuga)”. Se puede ver este tropo en el siguiente segmento, en el que el enunciador recuerda que “frenamos además (…) ese Código que defendía a los delincuentes y que desprotegía a las víctimas. Con la vocación, con la voluntad de muchos de ustedes, (…) que dijeron ‘nosotros queremos un país justo’”. Se habla de una hipérbole porque un Código Penal no defiende ni desprotege a nadie, un Código Penal es un compendio de todas las normas en materia penal de un país, esto es, establece las penas que deberán cumplir aquellos que participen de la comisión de uno o varios delitos. Más adelante, en referencia a la corrupción, Massa dice “los voy a meter preso, yo no les tengo miedo”, negando la división de poderes que rige en la Argentina, hiperbolizando los atributos de quien detenta la primera magistratura.

En el siguiente recorte del segmento pronunciado en “Argentina Debate 2015” se pude observar otra vez este mismo recurso argumentativo. Allí dice: “El año pasado, sin más, tuvimos la idea de poner en marcha un Código Penal que bajaba las penas en 130 delitos…”, en referencia al Anteproyecto de Reforma del Código Penal; lo que no menciona es que, si bien es cierto que ese Anteproyecto preveía la reducción de 116 penas y la despenalización de 17 conductas, creaba 85 nuevos tipos penales e incrementaba la pena de 159 delitos, recurriendo a una exageración que deviene del recorte estratégico de la verdad y que sin duda moviliza las conciencias de “las víctimas” y los “ciudadanos honestos” que “perdimos la calle” ante el avance de “ellos”, que van a poder cometer 130 nuevos delitos sin que el Estado pueda intervenir.

Conclusión

Íñiguez Rueda (2003) sostiene que la Teoría de los actos del habla ve en el habla una acción equivalente a cualquier otra, es decir, como una maniobra capaz de hacer cosas. Con nuestras elocuciones buscamos originar ciertas consecuencias sobre los pensamientos, los sentimientos, o acciones de nuestro auditorio.
Los discursos de/en campaña buscan generar un estado de situación que resulte en un mayor caudal electoral, que legitime la aplicación de las políticas públicas propuestas por el candidato ganador; a su vez, si se tiene en cuenta que para este trabajo se utilizan solamente alocuciones realizadas para la televisión, no debe ser soslayado el hecho de que se ven constreñidos por el tiempo de que disponen los candidatos para aparecer en ese medio, tiempo delimitado incluso por ley, por ello se infiere que lo comunicado debe ser estridente y sumario, y que lo dicho por el enunciador va en ese sentido.

Se ha mostrado cómo el ex-candidato a presidente Sergio Massa busca a través del habla reproducir la definición de un “nosotros” y/o/contra un “ellos”, y apelando a diferentes recursos retóricos intenta legitimar su discurso de “mano dura” para resolver los problemas de seguridad ciudadana. Cómo para proponer una violación al principio constitucional del debido proceso y una pena de muerte sin sentencia previa, como lo sería una ley de derribo, o que las FF.AA. puedan ayudar y entrar en los barrios más humildes, es necesario recurrir a exabruptos repentinos y a verdades a medias que movilicen las conciencias de los legos.

*Joel Theytaz (joelt86@live.com) es estudiante avanzado de la Licenciatura en Ciencia Política de la UNL.


Bibliografía

  • BARTHES, Roland. “La aventura semiológica”. Ediciones Paidos. Barcelona, 1993.
  • CASTELLS, Manuel. “La era de la información: Economía, sociedad y cultura”. Volumen II. Siglo Veintiuno Editores, S.A. de C.V. México D.F. 2000.
  • ÍÑIGUEZ Rueda, Lupicinio. “Análisis del discurso. Manual para las ciencias sociales”. Editorial UOC. Barcelona, 2003.
  • LOMBROSO, Cesare. “El delito, sus causas y remedios”. Ed. Victoriano Suarez. Madrid, 1902.
  • SOZZO, Máximo. “Postneoliberalismo y penalidad en América del Sur”. PALADINES, Jorge Vicente…[et al.], compilado por Máximo Sozzo. Libro digital, PDF. CLACSO. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2016.

Fotografía: Equipo de Prensa Frente Renovador (2015)


 

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