Agroecología Urbana: una experiencia desde la r-existencia

Por Cristian Machuca //

En relación con los ecosistemas, los seres humanos siempre transformaron los mismos para obtener bienes para poder subsistir. En esa relación se generaban distintas formas de habitar en la tierra, geopoéticamente, y se abría el paso a la manifestación de la diversidad de culturas. Los ecosistemas en ese habitar, revelaban enigmas como si la humanidad fuera la autoconciencia de la Gaia, pero muchas culturas se alejaron de esta relación como si fuera cierta la narración de la pérdida del Edén o para usar las palabras de Noguera “con la metáfora de la expulsión del paraíso, podemos explicar poéticamente el inicio de la separación entre naturaleza y cultura que ha caracterizado a occidente” (2004:31). La escisión de cultura-ecosistemas fue producida primeramente por la filosofía platónica con la división mundo sensible y mundo inteligible, continuó con la división cielo y tierra, y se consolidó con la separación sujeto y objeto en la modernidad. De tal forma, se convirtió en la base de la dominación jerárquica de sometimiento de la naturaleza (Noguera, 2004). Por este sometimiento es que los bienes naturales son transformados en recursos para ser explotados en el capitalismo.

Teniendo en cuenta la relación dual ecosistemas-cultura, voy a hacer hincapié en una problemática que es una de las manifestaciones de la crisis ambiental de nuestro tiempo. Entendiendo que el contexto de la crisis se expresa en el orden global y local, es que elijo desarrollar la problemática de la agricultura moderna de forma general, para pasar a analizar un caso de heterotopía local, re-existencia y resistencia que se orienta a un buen vivir y no a la utopía del vivir mejor que propone el capitalismo.

La “agricultura capitalista”

Desde que somos tierra que camina tuvimos que transformar los ecosistemas para la subsistencia. La transformación de la tierra ha avanzado con la agricultura moderna y la revolución verde en donde se despedazan los sistemas agro-culturales del mundo con la profunda división entre seres humanos y la (Madre) Tierra/Naturaleza, dando lugar a la falla socio-metabólica (Machado Aráoz y Paz, 2016). La agroindustria se impuso como paradigma dominante con el discurso de que lograría una producción eficaz, eficiente y que eliminaría el problema del hambre en el mundo. Esto nunca se logró y solo demostró ser una faceta más de la mirada tecnocéntrica y del saber científico que subsumió otras formas de trabajar la tierra. Esto excluía y excluye a cualquier tipo de saber ambiental de las Agri-Culturas diversas de distintas comunidades. Este modelo viene explotando a la naturaleza con biotecnología, agroquímicos, deforestación, expulsando pueblos de su territorio (creando ese mundo-otro como zona de sacrificio), contaminando y destruyendo la biodiversidad, para la extracción de las energías vitales que se fagocita el capitalismo mediante su lógica monolítica de transformación mercantil de lo que toca (Machado Aráoz y Paz, 2016). La tierra dejo de ser el lugar de producción de la vida para convertirse en el ámbito de acumulación del capital y el mejor vivir del pensamiento occidental.

Cabe destacar que agricultura es cultivo de la tierra, para la producción de la vida y no corresponde la definición a la “agroindustria”, ya que no produce para la vida sino para la extracción de plusvalía. Esta ha arrasado con el campo socio-bio-diverso de las agro-culturas-humanas profundizando la crisis y el desorden global ecológico (Machado Aráoz y Paz, 2016).

Diferencia entre Buen Vivir y Vivir Mejor

Desde otras cosmovisiones (como la de los pueblos del Abya Yala), el espacio, el territorio, el conocimiento y el tiempo son categorías que expresan otras significaciones. Son memorias, utopías y heterotopías (en sentido como lo piensa David Harvey), que pueden sintetizarse en el llamado Buen Vivir/Vivir Bien. Memoria en el sentido que estos pueblos son guardianes y portadores de un saber y una cultura sabia en armonía con la Pachamama/Gaia/Madre-Tierra o como diría Víctor M. Toledo y Narciso Barrera-Bassols (2008), son estas comunidades las que guardan la memoria biocultural de nuestra especie (ese encuentro entre la memoria biológica, lingüística y cognitiva de los saberes) que necesitamos para salir de la amnesia, para ver que somos hijos de la diversidad. Utopías entendidas como sueños, deseos e ideales por los cuales nos marca por donde caminar, ya que las distopías del capitalismo solo aterran y reproducen la crisis. Heterotopías (diferente a la concepción foucaultiana) entendidas como espacios donde se realizan prácticas alternativas al orden espacial determinado por el capitalismo, un locus no determinado por la producción del capital (Harvey, 2013, 2018); un lugar alternativo a lo hegemónico con potencial emancipatorio.

El buen vivir no se mide desde el crecimiento económico con el producto bruto interno, el buen vivir se mueve en función de la vida misma y de tal forma se va complementando con las experiencias de los pueblos. En el Aymara se dice “suma qamaña” cuyo significado sería “vivir en armonía y equilibrio”, el estar bien con todas las formas de vida que tienen la categoría de ser iguales e importantes. De tal forma, se respeta los ciclos de la Madre Tierra conviviendo con todas las formas de existencia, al igual que los pueblos Quechua, en el cuál sería “Sumak Kawsay” que adquiere el mismo significado de vivir en plenitud o vivir bien. Buen vivir es estar preocupados todos/as por todo y por lo que nos rodea, como es entre todos/as tiene implícita la vida en hermandad y complementariedad en la comunidad, respetando los equilibrios de los ecosistemas, del cosmos, siendo parte de otras partes y del todo. Buen vivir que en Mapuche se expresa con “Kyme Mogen” pudiendo ser pueblo solo en la cultura de la vida, en relación con la tierra, con la naturaleza, en empatía, sin violencia y con amor. En tal sentido, el buen vivir también es la realización de la identidad (nacimiento de una forma de vida, danza, idioma, instrumentos de música, etc.) y los valores que transmite son completamente distintos a los que propone el capitalismo, el racismo y el patriarcado. El buen Vivir implica darle derechos a la naturaleza para el logro del Ñandereko (Vida Armoniosa), Teko Kavi (Vida Buena), Ivi Mara He’Y (Tierra sin Mal) y Qhapaj Ñan (Vida Noble), etc., que buscan siempre la distribución y redistribución de los bienes sociales para el beneficio de todos/as, en respeto de la diversidad y las expresiones variadas que abarca a todo lo que existe (Mamani, 2010). El buen vivir es tener presente los derechos humanos y los derechos de la Pachamama por igual, comprendiendo que el ir contra algún derecho de una especie es el deterioro del conjunto porque todos/as somos de esa red trama de la vida y del cosmos.

Diferente al vivir bien es el vivir mejor, el cuál sí está asociado al crecimiento económico. Este se realiza a costo de otro/s y otra/s, explota a los/as demás para el beneficio propio y está atado a la dominación de clase, género y raza. Este vivir mejor hace alianza con el lujo y el derroche. Todo es pensado para el consumo, para tener más y competir con el/los/las otros/as. En esta forma de vivir, unos pocos gozan de abundancia mientras la gran mayoría vive mal, no se respeta la vida porque prima la diferencia y la jerarquización (todo se quiere dominar y transformar en recurso). Esta lógica contraria a la comunitaria “ha generado una sociedad desigual, desequilibrada, depredadora, consumista, individualista, insensibilizada, antropocéntrica y antinatura” (Mamani, 2010:50). La lógica del mejor vivir es la que se viene aplicando en nuestras sociedades modernas y es la que se expresa en la problemática socio-ambiental de la agricultura moderna.

El buen vivir de los pueblos de Abya Yala puede ser articulado y potenciado por iniciativas locales que resisten y escapan a la lógica geométrica moderna. Esas iniciativas de resistencia local podrían nutrirse con las racionalidades indígenas siendo potencialidades para la emancipación. De tal forma, pasare a relatar una experiencia local en contraposición a la problemática presentada de forma general (la agroindustria).

El Espacio de Agroecología Urbana del Municipio de Morón

Ya relaté la problemática ambiental de la “agricultura moderna”. Ahora quiero presentar una experiencia en lo local que surgió desde una política pública ambiental. En términos de Oszlak y O´Donnell (1981), la política pública o estatal es la acción u omisión que lleva adelante el Estado, tomando posición sobre una determinada cuestión (necesidades y demandas socialmente problematizadas) que concita la atención, interés o movilización de otros actores de la sociedad civil. En toda política, los actores sociales van tomando posición y se ven privilegiados o no por dicha política. En Morón, desde el año 2011, se generó una política que en su potencial expansión es parte de las alternativas al modelo de mejor vivir propuesta por la lógica monocultural agroalimentaria.

Comunicándome con referentes del espacio, puedo describir que el municipio de Morón se propuso crear un área de producción agroecológica de alimentos y de educación para la soberanía alimentaria, articulando la participación de distintas instituciones del Estado y organizaciones barriales para la formación de emprendimientos productivos. Este se denominó Espacio de Agroecología Urbana y Educación para la Soberanía Alimentaria. Se recuperó un lugar que estaba ocioso y abandonado, utilizándose para la producción agroecológica, en el cuál se respeta la biodiversidad, la rotación, el descanso de la tierra y no se utiliza ningún tipo de agroquímico (Referentes, comunicación personal, diciembre de 2019). Este tipo de agricultura es muy similar a los practicados por los pueblos indígenas en su sabiduría ancestral, transformándose en un gran articulador de otra/s forma/s de ver el mundo/s con la cosmovisión del buen vivir. Además de que se realiza la producción agroecológica mediante el emprendimiento Asociativo Morón Surco, acercando alimentos saludables a la población y promoviendo un comercio justo; el espacio dicta cursos, capacitaciones, visitas guiadas educativas, una red de huerteros con vecinos/as para promover huertas urbanas y cada año realizan la celebración de la Pachamama. Esta misma siempre la realizan con copleros/as que reivindica diversas tradiciones y celebraciones del NOA, música andina, y personas de la comunidad originaria que guían la ceremonia (la cuál va variando cada año) en articulación constante con el Espacio por la Memoria de los Pueblos Originarios (EMPO), ubicados en el Espacio de Memoria del Municipio (A. Scarselleta, comunicación personal, 20 de diciembre de 2019). Esto presenta varias formas de hacer memoria como capital simbólico que enriquece el espacio (Bergallo, 2017). Por eso, esta experiencia es otra forma de habitar, geopoéticamente y que potencia el derecho de los pueblos a la soberanía alimentaria, promovido en el espacio y potenciado desde la actividad educativa con escuelas.

Se puede apreciar al espacio como una alternativa a la producción espacial del capital, con gran potencialidad, ya que además es visibilizada por el Estado Local como política pública. Este espacio como muchos otros, como pequeños focos, se levantan en r-existencias en un locus en términos de Harvey (2018) que teje/n otras narrativas que apuntan al buen vivir y no al vivir mejor de la dominación clasista, racista y patriarcal.

Conclusión

Hay una forma de vivir mejor que se expandido con el desarrollo (Powaqqatsi en lengua hopi), que rompe en mil pedazos la vida misma con el nombre de “proyecto de modernidad” que invisibiliza, transforma las formas de pensar, universaliza, disuelve las singularidades y las diferencias en una lógica monocultura (Bergallo, 2017). Este modelo capitalista de desarrollo ha generado una crisis ambiental, entre esas manifestaciones de la crisis, encontramos la problemática de la “agricultura moderna” (de agricultura no tiene nada, porque lo que hace es aniquilar u ocultar las formas de relacionarnos con la tierra como medio de subsistencia armoniosa y red de vida) que genera gran daño a los territorios. En contraposición, hay una experiencia en lo local que se manifiesta como heterotopía, entendida como espacio donde se teje/n relaciones que escapan al dominio espacial-social-político del capitalismo, un locus que no es determinado por la producción del orden global (Harvey, 2013, 2018). Este tipo de lugar, habitado desde la participación social y desde una política pública, se convierte en potencial alternativa que se aleja del mejor vivir y que puede articularse con la cosmovisión del buen vivir de los pueblos originarios en la diversidad de culturas, en r-existencias geográficas y no geométricas (cuantificadas y medidas por lo hegemónico), en florecimientos de nuevos mundos. En definitiva, en el buen vivir de Abya Yala y el vivir bien de los pueblos.

*El autor (cristianesmachuca@gmail.com) es estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política (UNLM).

Foto: https://madretierra.org.ar/

Referencias bibliográficas

Aráoz M., H. y Paz, F. (2016). Extractivismo: metabolismo necroeconómico del capital y fagocitosis de las agro-culturas. Reflexiones y aprendizaje desde las re-existencias campesinas en el Valle de Conlara. En C. W. Porto-Gonçalves y L. D. Hocsman G (Ed.), Despojos y r-existencias en América Latina/Abya Yala (pp. 141-174). Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina: Estudios Sociológicos Editora.

Bergallo, G. (2017). Escritos en el viento. Naturaleza y cultura en el Chaco: cosmovisiones, memorias, etnoecocidios, florecimientos. En M. Ruffino (Ed.), El Norte Grande Argentino: cultura y región (pp. 101-124). Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina: Ediciones Ciccus.

Harvey, D. (2013). Ciudades rebeldes: del derecho de la ciudad a la revolución urbana. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina: Ediciones Akal.

Harvey, D. (2018). Justicia, naturaleza y la geografía de la diferencia. Quito, Ecuador/Madrid, España: IAEN-Instituto de Altos Estudios Nacionales del Ecuador/Traficantes de Sueños.

Mamani, F. (2010). Buen Vivir/Vivir Bien: filosofía, políticas, estrategias y experiencias regionales andinas. Lima, Perú: Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas – CAOI.

Noguera, A. P. (2004). El reencantamiento del mundo. México D. F./Manizales: PNUMA / ORPALC/ Universidad Nacional de Colombia

Oszlak, O. y O’Donnell, G. (1981). Estado y políticas estatales en América Latina: hacia una estrategia de investigación. Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES), Documento G.E. CLACSO, 4, 98-128.

Toledo, V., y Barrera-Bassols, N. (2008). La memoria biocultural: la importancia ecológica de las sabidurías tradicionales. Barcelona, España: Icaria Editorial.

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