Huellas de la política en la tragedia griega: el caso de Edipo Rey

Por Julia Picatto //

Este artículo fue elaborado en el marco del taller intensivo de escritura académica “¿Cómo publicar en una revista académica?” organizado por Revista Politikón y dictado por la Dra. María Mercedes Di Virgilio en noviembre de 2019.

Introducción

“El teatro pone en evidencia una estrecha relación entre el entramado social y el ejercicio de poder en la polis democrática: ese poder explícito que “[…] toda sociedad instituye y no puede vivir sin instituir […], que concierne a lo político (y que) reposa esencialmente no en la coerción […], sino en la interiorización, por los individuos socialmente fabricados, de las significaciones instituidas por la sociedad considerada” (Castoriadis, 1997: 195-196)

¿Cómo se autopercibe una sociedad? ¿Qué imagen crea de sí misma, como comunidad? ¿Cómo se observan en el espacio público los problemas que la acechan? Estos y otros interrogantes son la base de los cuestionamientos de todas las sociedades en las distintas épocas. Siguiendo los postulados de Cornelius Castoriadis, cada sociedad históricamente se define a partir de significaciones imaginarias que ellas mismas configuran, encarnadas en instituciones.

Teniendo en cuenta estas ideas, el siguiente análisis se basará particularmente en el reconocimiento del teatro ateniense desarrollado en el siglo V a.C. como un claro ejemplo del mundo de representaciones simbólicas que inundaron la sociedad de aquel momento, el cual sigue inquietando a la academia actual, por el diálogo entre sus dimensiones artísticas y políticas.

En este sentido, el teatro, con su potencial creativo, muestra cómo la sociedad griega se percibía a sí misma a través de un sistema determinado de normas, costumbres, valores y representaciones colectivas, que a su vez son la base de su sistema político, la democracia directa.

Es de fundamental relevancia destacar que las representaciones artísticas que influyeron en el imaginario colectivo durante el “Iluminismo Griego”, empleando el término de Arnold Hauser, se desarrollaron durante un cambio en el sistema sociopolítico, en la etapa conocida como “El siglo de Pericles”. Para contextualizar la época, diremos que bajo el régimen de la demokratia la polis logró su máximo apogeo en el ámbito cultural, pero también en el ámbito intelectual, político y económico. Atenas, adquirió así, durante la “edad de oro”, la hegemonía entre las demás polis. 

Una primera aproximación al teatro griego

Con respecto al arte, se desarrolló el clasicismo griego, en donde particularmente floreció el teatro a través de la realización de tragedias. Por un lado, siguiendo los postulados de Hauser (1983), como ningún otro género la tragedia supo visualizar inmediata y libremente los íntimos antagonismos de la estructura social de la democracia ateniense, los problemas que acechaban a la sociedad y la forma en que se distribuía el poder.

Por otro lado, no sólo el contenido interno de las tragedias guarda estrecha relación con elementos de la democracia ateniense sino que también sus representaciones en público, en términos generales, son consideradas democráticas. Los teatros en su forma exterior eran grandes construcciones: el théatron de Atenas, primera polis en construir uno, era una unidad muy cercana a los edificios principales como el partenón, el erecteion y el ágora, lo que revela su importancia para la vida en comunidad de las personas. El teatro, entonces, surge como una institución más en donde los ciudadanos participaban y recreaban el imaginario colectivo de representaciones simbólicas, tal como expresan Jean-Pierre Vernant y Pierre Vidal Naquet “En ese mundo de significaciones, el teatro ocupa un lugar central […] no es sólo una forma de arte: es una institución social que la ciudad, por la fundación de los concursos trágicos, sitúa al lado de sus órganos políticos y judiciales. Al instaurarlos […] la ciudad se hace teatro; en cierto modo se toma como objeto de representación y se representa a sí misma en público” (Vernant y Vidal-Naquet, 1987: 26-27)

Desde sus inicios, la tragedia, como experiencia de un gran contingente de personas, se dirigió a un público más numeroso y de una composición más variada que el del canto épico o la epopeya, destinados a los banquetes aristocráticos. Pero la tragedia se destinó, finalmente, hacia un grupo escogido, los ciudadanos, por lo que se trata de un grupo cuya composición se circunscribía a los estratos sociales que podían gobernar la polis, teniendo en cuenta los requisitos que se requería para ello. En realidad, cabe aclarar, el teatro de las fiestas solemnes de la democracia ateniense no tenía nada de teatro “popular”.

Asistir al teatro no era solamente una actividad recreativa para los ciudadanos de la polis, sino que el teatro, como institución política, cumplía una función educativa para ese sector social. El propio Estado era el que consideraba qué podía ser mostrado a los ciudadanos y qué no, para influenciar sobre su accionar, difundir y enraizar los nuevos ideales democráticos en el pueblo ateniense.

Las tragedias de Sófocles y su contenido político: Edipo Rey

Para comprobar esta tesis se desarrollará un breve análisis teórico-descriptivo a partir de la lectura de la tragedia “Edipo Rey” de Sófocles, y de tratados filosóficos como “La República” de Platón y “Política” de Aristóteles. Se trazarán relaciones entre estos escritos que, si bien pertenecen a distintos géneros discursivos, comparten ciertos elementos teóricos que ponen en evidencia las cosmovisiones de una época. En esta oportunidad, al tratarse de un avance de investigación, sólo se introducirán a grandes rasgos tres puntos que dan cuenta de la posibilidad que tenemos de leer huellas de la política en la literatura.

Lo político y la comunidad

Con respecto a la tragedia Edipo Rey de Sófocles, el primer punto a analizar tiene que ver con el logos y su carácter primordial en la democracia griega del siglo V a.C. en relación con la interacción entre los ciudadanos para llevar a cabo la acción política. Este enmarca el debate participativo en donde se ponen en evidencia los antagonismos  y conflictos que son la base para la toma de decisiones colectivas.

En el caso de la primera escena de la obra teatral se presenta ante el pueblo Edipo, rey de Tebas, quien escucha los reclamos de los ciudadanos (a través de su representante, el sacerdote) y entabla una conversación en la que asume un gran compromiso hacia ellos. Así, por un lado se pone de manifiesto la relación política que plantea Aristóteles en la comunidad entre gobernantes y gobernados, que no es de dominación sino, entre iguales; por otro lado, se muestra cómo las personas son animales políticos que participan en la esfera pública, lo que se materializa en el concepto de zoon politikon. Esta relación entre iguales se manifiesta mediante el logos, la palabra, y también la escucha. Así se pone en evidencia la participación democracia típica de la Antigua Grecia, visibilizada en la congregación de personas que se reúnen para hablar con el rey, en donde la palabra se establece como fundamento para el debate, la discusión, y la argumentación en el ágora.

Cada decisión tomada en la ekklesía a partir de un debate entre ciudadanos iguales, involucraba al cuerpo de ciudadanos, en sus dimensiones colectivas y personales. Se puede pensar la asamblea, entonces, como un dispositivo colectivo de pensamiento para llevar a cabo la acción política a partir y a través del logos.

Además, otro punto a resaltar es que Aristóteles plantea la idea de comunidad, en donde la polis no es una suma de individualidades sino que está compuesta por vínculos orgánicos que permiten una integración entre las personas. Esto se nota claramente en la tragedia de Edipo en la misma escena resaltada anteriormente: las personas se unen para hablar acerca de los problemas de la comunidad con Edipo y lograr un fin común, que es en este caso revelar la verdad para el bien de la polis y de sus ciudadanos.

Edipo Rey y el arduo camino hacia la verdad

El segundo punto a resaltar, relacionándolo con esta última idea, es el tópico de la “búsqueda de la verdad”. En numerosas oportunidades se muestra a la ignorancia como problema, y  diferentes hechos que ocurren durante los relatos en gran medida están regidos por la incesante indagación acerca de su veracidad.

Por un lado es posible evidenciarlo en el caso del propio Edipo, quien promete encontrar al verdadero asesino del rey Layo para liberar al pueblo de los males que los acechaban. Se desea conocer al criminal para llegar a una verdad y así dejar de ofender a los dioses que colmaban de desgracias a Tebas. Para ello, Edipo, por encontrarse en ese puesto, recorre un arduo trayecto, y toda la obra se encamina en esta búsqueda para averiguar qué pasó realmente con este rey anterior.

La búsqueda de la verdad se ve plasmada en el hecho de que Edipo, además de descubrir el motivo de los problemas de la ciudad, termina confirmando su verdadero origen, y por lo tanto, su involucramiento en los sucesos que condujeron a la decadencia del pueblo y de su familia.

Estas ideas ligadas al abandono de la ignorancia pueden ser relacionadas con los postulados de Platón acerca del largo camino a recorrer en la búsqueda de una verdad alejada de la doxa, del mero conocimiento sensible, para poder llegar más allá de copias corruptas y meras apariencias. Por ejemplo, en el propio comienzo de La República, Platón afirma que desciende del Pireo para ser interpelado. Esto se puede interpretar como el propio camino en subida que conduce a la verdad y la manera en que el filósofo desciende para relacionarse con las demás personas que no poseen estos conocimientos. Es así como también establece en los libros posteriores que el buen gobernante, el filósofo rey, es el único capacitado para poder acercarse a esa verdad, pasando por un proceso de aprendizaje, la paideia.

Así, Edipo, si bien no es un filósofo rey tal como lo establecía Platón, ocupa el cargo de gobernante y transita una suerte de camino para poder alcanzar la verdad última. Sin embargo, es fundamental aclarar la idea de que la verdad que busca Platón es disímil a la verdad que pretende encontrar Edipo Rey, ya que tiene un status gnoseológico distinto. Pero lo que se debe tener en cuenta es que en ambos casos se piensa la idea de verdad como un des-ocultamiento, una revelación que llega luego de haber recorrido un arduo camino colmado de apariencias.

La alegoría de la caverna y su paralelismo con la tragedia

En tercer lugar es oportuno resaltar una analogía entre la experiencia de búsqueda de la verdad de Edipo Rey y ciertos elementos de la alegoría de la caverna de Platón.

Por un lado, teniendo en cuenta la idea de “ser y parecer”, en la Alegoría de la caverna se resalta la existencia de un prisionero que se encuentra debajo del “mundo real”, quien observa meras sombras y apariencias de la realidad desde allí dentro. Sin embargo, engañado, piensa que en la caverna reside la verdad. Lo mismo ocurre con Edipo: pensando que tenía la verdad acerca de sus padres, el adivino y los testigos le revelan lo contrario, y lo que creía una verdad era una apariencia bajo la cual se inscribía su ignorancia.

La propia idea de ascender hacia una verdad, que Platón plantea en la Alegoría al hacer referencia al prisionero que tiene que ascender para desenmascarar las meras apariencias cuando enuncia “Haciéndolo subir por ese áspero y escarpado sendero […]” (Platón, 2015:441) se puede evidenciar en el accionar de Edipo, que mediante un camino arduo asciende a la verdad, dándose cuenta de su ignorancia anterior.

El problema se presenta en la alegoría de Platón cuando el sujeto puede finalmente salir de la caverna, y vuelve para comunicarle a las demás personas acerca de esta ignorancia, quienes finalmente no le creen, pareciendo quedar en vano todas las averiguaciones. A su vez, en la tragedia de Edipo Rey de Sófocles, la aceptación de la verdad también trae consecuencias dolorosas: su esposa se suicida y él se destierra, acompañado por Antígona, personaje con el cual se continúa el destino trágico.

Otro aspecto a resaltar es la manera en que la metáfora “visión/ceguera” cobra un papel fundamental relacionado con la búsqueda de la verdad.

En el caso de la tragedia de Sófocles, Edipo decide arrancarse los ojos como forma de arrepentimiento y demostración de que había sido ciego durante todo ese tiempo al no poder observar con sus propios ojos esa verdad. A su vez, paradójicamente, quien le había revelado esto a Edipo, Tiresias, era un adivino que padecía ceguera. Este le había previsto los resultados de los hechos a pesar de que carecía del sentido de la visión, debido a un problema en sus ojos. Vale preguntarse, al final, ¿quién era ciego realmente?

El caso de la Alegoría de la caverna también hace alusión a la ceguera cuando se dice que dentro de la caverna los prisioneros tenían una imagen turbia, alejada de la realidad. Y a su vez, cuando se narra el momento en el que el prisionero puede salir de la caverna y se relata la dificultad para acostumbrar la vista del mismo al salir. Es decir, cómo los ojos del prisionero debían acostumbrarse a un nuevo paradigma y cómo se da cuenta de que antes tenía una visión alejada de la realidad.

A modo de conclusión

Es evidente que se podrían recorrer un sinfín de caminos para lograr trazar un paralelismo entre la sociedad de una determinada época y las representaciones de sí misma tanto en aquel entonces, como a posteriori. En este caso en particular, se decidió transitar el camino de un análisis de ciertos aspectos de la tragedia griega desarrollada en el siglo V a.C., en particular, de Edipo Rey de Sófocles, y su relación con ciertos postulados filosóficos escritos un siglo después. A pesar de esta diferencia temporal, es posible afirmar que guardan una estrecha relación con los interrogantes que interpelaban a la sociedad de aquel entonces, sobre la idea de justicia, de verdad, de régimen de gobierno, de poder, obediencia, entre tantos otros.

Dada la basta bibliografía existente sobre esta temática, la pretensión del escrito desde mi posición como estudiante fue reconocer ciertas líneas de análisis previas provenientes de numerosos autores, para construir un trayecto propio, centrado en esta oportunidad en una primera aproximación a un análisis aún mayor sobre la influencia recíproca entre las tragedias griegas y el sistema político democrático directo.

Es que obras como “Edipo Rey” nos llevan a reflexionar acerca de los problemas que acecharon una época y en el momento que podemos reconocerlos, también es posible establecer diferencias y similitudes con nuestra realidad actual. Es posible preguntarse, entonces: ¿En qué grado siguen vigentes estos interrogantes? ¿Cuáles son las representaciones simbólicas que revelan la manera en que nos percibimos, actualmente, como sociedad? ¿Qué rol cumplen las manifestaciones artísticas en nuestros días? ¿Cómo nos definimos y a través de qué medios e instituciones?

* La autora (picattojulia@gmail.com) es estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política de la UNL.


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