¿Podemos salir de la crisis democrática del siglo XXI?

Por Nicolás Cereijo // 

Roberto Gargarella escribió una recomendable nota (Diario La Nación, 2020) acerca del fantasma de la crisis democrática que recorre el mundo. Efectivamente vivimos en un siglo donde la sociedad civil cuestiona con mayor frecuencia a las instituciones democráticas qué tanto pueden hacer para paliar sus demandas, no encontrando mayormente las respuestas esperadas.

El accountability – rendición de cuentas – tiene dos expresiones: una horizontal (inter pares) y otra vertical (sociedad civil – gobierno). El peligro está en que en el modo vertical, las instituciones de la organización civil subvierten el orden actual y queden ubicados en la superestructura a la hora de pensar y tomar decisiones (Peruzzotti, 2008). Por eso la clase política debe estar a la altura de las circunstancias y mostrar excesiva responsabilidad y prudencia para gobernar y respetar todas las voces.

Una mirada complementaria para abordar la crisis democrática la trae Aníbal Pérez-Liñán, quien dice: “Un nuevo contexto global, caracterizado por la relocalización de la producción industrial, impulsa a los votantes a respaldar liderazgos crecientemente radicalizados. La experiencia latinoamericana sugiere que estos gobiernos intransigentes erosionan los derechos políticos y las libertades civiles de sus adversarios. Los intentos por renovar la democracia a menudo conducen, inesperadamente, a veladas formas de poder autocrático.” (Pérez Liñán, 2017: 35)

Al ser cada vez más costosa y apremiante la solución institucional, avanzan mundialmente las soluciones populistas, que van de izquierda a derecha, como formas de renovar la democracia. Vale decir que no es un juicio de valor hablar de populista y se refiere a soluciones que en el corto plazo tienen mayores probabilidades de ser exitosas, pero que en un mediano o largo plazo son perjudiciales. Miremos algunos ejemplos.

Cuando Donald Trump anunció la salida de EE.UU del acuerdo (climático) de París, dijo por twitter: “He cumplido una tras otra mis promesas. La economía ha crecido y esto solo ha empezado. No vamos a perder empleos. Por la gente de este país salimos del acuerdo. Estoy dispuesto a renegociar otro favorable para Estados Unidos, pero que sea justo para sus trabajadores, contribuyentes y empresas. Es hora de poner a Youngstown, Detroit y Pittsburgh por delante de ParísVale recordar que para Trump el cambio climático es un invento de los chinos para perjudicar la competitividad estadounidense (Declaraciones en su cuenta oficial de twitter).

Otro caso es Brasil, donde la solución populista se dio de la mano un confeso admirador de la dictadura militar, Jair Bolsonaro, que al igual que EEUU mejoraron su economía doméstica a cambio de enormes retrocesos en derechos civiles.

En ambos casos cabe preguntarse ¿cómo surgen estos líderes outsiders? En la respuesta podemos encontrar los peligros de la tirante relación arriba planteada: cuando los vínculos entre instituciones tradicionales de la democracia y la sociedad civil se tironean y/o fracturan, aparecen estos mesías, y con partidos nuevos que en la disciplina denominamos “anti-política” o “anti-establishment”. Estos ganan adeptos en los desencantados de la democracia de la mano de un discurso violento y generalmente xenóbofo.

¿Por qué Alemania volvió a tener por primera vez desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial representantes neonazis (con su partido Alternativa para la Democracia – AFD –) en todas las legislaturas locales? Justamente porque AFD es un partido anti-establishment y su discurso se asienta cada vez más en la sociedad alemana.

Finalmente, lejos de esperar recetas mágicas, está claro que el modelo de democracia liberal está en crisis y requiere de una atención rápida y prudente a la vez. El principal enemigo es el autoritarismo traducido en gobiernos que avanzan sobre las instituciones y que curiosamente se consideran como alternativas de la democracia actual.

*El autor (ncerejio@yahoo.com) es Licenciado en Ciencia Política (UBA). Finalizando el Diplomado Superior en Sociología y Ciencia Política (FLACSO). Docente en UBA, UTDT e INCaP.


Referencias bibliográficas:

  • Pérez-Liñan, A (2017): ¿Podrá la democracia sobrevivir al siglo XXI?, Revista Nueva Sociedad 267: 35-45.
  • Peruzzotti, E (2008): La rendición de cuentas social en la democracia: nociones y experiencias en América Latina, Revista Sistema 203-204 (05/2008), Págs. 107.116.
  • Gargarella, R (21/1/2020): El fantasma de la crisis democrática recorre el mundo, Diario, La Nación.

 

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  1. José fernandez dice:

    Me parece que esos presidentes solo les importa su economía y no la salud mundial

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