Reflexiones en torno al mundo del trabajo y el COVID-19

Por Marcos Pereyra //

Estamos viviendo momentos excepcionales a nivel global. Momentos excepcionales producto de una crisis sanitaria que está teniendo efectos en la vida económica global. Diferentes indicadores vienen anunciando que estamos en una crisis de semejanza a la de los años 30. Está muy bien cuidar la salud, pero no nos descuidemos y generemos otra enfermedad difícil de contrarrestar; la del desempleo y sus efectos.

Ante este inmenso dilema los Estados Nacionales se vieron ante el desafío de tomar medidas restrictivas para achatar la curva de infectados, a través de la implementación de “cuarentenas” y paralización total del ciclo económico productivo, salvo sectores como salud, seguridad e información y comunicación.

Estas cuarentenas implican quedarse en casa y salir lo justo y necesario para hacer compras esenciales. Las fábricas paran su producción, pequeños y grandes comercios bajan sus persianas, la construcción se paraliza, los trabajadores de la economía popular ven restringido el acceso a “la changa” que les proporciona los ingresos para sobrevivir diariamente, los monotributistas no pueden generar ingresos, se paraliza el sector turismo y transporte; y así podríamos seguir mencionando. Como señala Harari en Infobae (2020, 15 de abril) esta pandemia no sólo trae enfermedad, también trae desocupación y reestructuración del mundo del trabajo, con profundas innovaciones y aceleración de las transformaciones promovidas por el empresariado. Transformaciones que si antes pudieron ser resistidas, con la pandemia se borraron las barreras. Esto llevó a miles de trabajadores a cumplir sus funciones laborales desde su hogar y a muchos otros a flexibilizar sus horarios de trabajo y sus ingresos. Queda en evidencia, así, que los diversos actores del mundo del trabajo prevén pronósticos catastróficos para lo que queda del año, según lo indica la Organización Internacional del Trabajo en sus dos informes respecto al COVID-19.

La OIT ha presentado dos documentos en los que señala los efectos posibles del coronavirus y las medidas de aislamiento social en torno al mundo del trabajo, sus repercusiones, el impacto en diversas regiones, sectores laborales y qué esperar el día de mañana cuando esto sea un recuerdo. Estos informes serán nuestra guía para analizar las consecuencias futuras en el mundo del trabajo.

Repercusión en el mundo del trabajo por el COVID 19

Hay algo que está dejando en claro esta pandemia en lo que respecta al mundo del trabajo: la importancia que tienen los controles de higiene y seguridad en el ambiente de trabajo. Queda demostrado que es clave garantizar condiciones dignas de trabajo y salubridad, con higienización permanente y control de los daños que se puedan sufrir dentro del lugar de trabajo. Y lo cierto es que el COVID-19 es todo un desafío para los gobiernos, las empresas y los trabajadores.

Es justamente, esta lógica tripartita la que tiene que llevar a cabo las negociaciones pertinentes para garantizar que las actividades económicas sufran los menores daños posibles y aplicarse las medidas reparadoras sustentables. En el primer informe del organismo internacional publicado en la tercera semana de marzo, ya se admitía como la crisis sanitaria y sus medidas de prevención habían repercutido en el plano económico y en el mercado laboral. Se preveía que los sectores más afectados serían los de aviación y transporte, hotelería y turismo, así como también afectaría a los ingresos salariales de los trabajadores y muchos correrían el riesgo de perderlos. También se reconocía que la retracción económica, traería consigo una menor demanda de mano de obra, ya que caería la inversión y habría una alta tendencia a los despidos y suspensiones.

De esta manera se puede confirmar el acierto al afirmar que “las perspectivas económicas y en lo concerniente a la cantidad y calidad de empleo empeorarán a ritmo muy rápido” (OIT, marzo 2020), claro reconocemos lo acertado de esta predicción un mes después, con los resultados en la mesa. Resultados para nada alentadores para los trabajadores y trabajadoras.

En este primer informe, la OIT promovía respuestas a nivel político y multilaterales, de manera acelerada para evitar que los daños se expandieran, coordinados a nivel local y nacional, a través del cuidado de la salud de los trabajadores y sus familias, al mismo tiempo mitigando los efectos económicos indirectos ¿Qué hicieron los diferentes gobiernos en esta primera etapa de la pandemia global? ¿Cómo interactuaron y qué medidas aplicaron? Siguiendo la lógica de la negociación y acuerdos tripartitos, se logró garantizar para algunos sectores el trabajo a distancia, o esa palabra que está tan de moda, el “teletrabajo” y reducción de los turnos de trabajo a través de medidas de flexibilización de la jornada laboral. También desde la OIT se promueve la ampliación del derecho a subsidios por bajas laborales vinculadas a la salud. A través del DNU 367/2020 se reconoció, en nuestro país, al COVID-19 como una enfermedad de carácter profesional para el sector de salud. Por otro lado, también se han garantizado asesoramiento sobre seguridad laboral para los trabajadores, promover medidas para erradicar y evitar la estigmatización, discriminación o exclusión a personas afectadas en su salud y la prestación de cuidado de servicio infantil, a través de “garantes” o “subsidios” que posibilitan a las madres y los padres de familia.

Al día de hoy, las medidas de cuarentena y paralización de la vida social y laboral están afectando a 2.700 millones de trabajadores, es decir alrededor del 81% de la fuerza de trabajo a escala global. Si se tiene en cuenta que hay muchísimas empresas y sectores que no están produciendo ni vendiendo sus productos, este total podría incrementarse. Visto desde esta óptica, el panorama es poco alentador para el segundo semestre del año, más si se tiene en cuenta que el 38% de la PEA mundial, está empleada en sectores que afrontarán grave caída en la producción, por ejemplo, el sector de comercio por menor y por mayor. ¿Qué les espera a los países en desarrollo y a los países con bajos ingresos? Es aquí donde los sectores más afectados van a ser los trabajadores de la economía informal y popular, que son los mismos que a la vez carecen de acceso a la cobertura médica y social (OIT, abril 2020). Esta situación, en nuestro país, podría no generar tanto problema ya que contamos con asistencia sanitaria pública, pero qué quedan para países vecinos como Chile donde todo corre por la vía mercantil. Habrá que estar atento a las medidas económicas y monetarias que apliquen los gobiernos, ya que los trabajadores de ingresos medios y bajos, como los de la economía informal corren peligro de caer en la línea de la pobreza lo que podría generar “mayores dificultades para recuperar sus medios de vida durante el período de recuperación” (OIT, abril; 1). Los gobiernos tendrán que hacer de los recursos disponibles, que son limitados, la mejor herramienta para evitar que las consecuencias de este contexto no perduren en el tiempo.

Efectos sobre la juventud en el trabajo, innovaciones y transformaciones

Puerto y Kim (2020) en línea con lo que venimos planteando, aclaran que esta crisis probablemente afecte con mayor dureza a los jóvenes. Y si hablamos de jóvenes en el mundo del trabajo debemos reconocer la dificultad de conseguir el primer empleo, que es este rango etario el que suele formar parte de los trabajos de plataforma sin convenio colectivo y sin acceso a la cobertura sindical (Ej: Glovo y Pedidos Ya, entre otras), que son los que sufren precarización porque la desesperación de no conseguir otra cosa; muchas veces implica aceptar un trabajo precario para obtener los primeros ingresos o solventar los estudios. Desgraciadamente, en el sistema capitalista, los sectores más humildes y la juventud son los más afectados al momento de hablar de “decencia” en el trabajo, y es donde más avanzan con la flexibilización o abaratar el valor de la fuerza de trabajo (Cremonte, 2012). Hasta el año pasado, una de cada cinco personas menores de 25 años (igual a 267 millones de jóvenes a nivel mundial) no trabajaban, ni estudiaban ni recibían algún tipo de formación (Puerto y Kim, 2020).

¿Qué podemos esperar en este contexto? La historia nos demuestra que son los trabajadores más jóvenes los primeros que ven recortados sus ingresos, le reducen las horas de trabajo o son despedidos. Esto se agrava ante la falta de experiencia al momento de buscar un trabajo decente, accediendo a trabajo con cada vez menor protección. Por otro lado, tres de cada cuatro jóvenes forman parte de la economía informal, en cafeterías, restaurantes. Tienen trabajos temporales, a tiempo parcial (part time) o como mencionamos anteriormente, forman parte del sector de plataformas digitales. Muchos de estos trabajadores forman parte de sectores afectados por la pandemia y por último, es el sector más afectado por la automatización.

En lo que respecta al teletrabajo o “home office”, debemos prestar atención, me parece, a diversos asuntos. ¿Cómo se va a regular la relación entre empresa y trabajador? ¿Cómo se va a medir el presentismo y cómo se lo pagará? Lo más probable es que esta modalidad requiera una nueva legislación que configure sus normativas y la forma de medir el valor del trabajo. Por otro lado, no es una modalidad que pueda aplicarse en todos los sectores económicos. El futuro llego hace un rato, relata una histórica canción del rock nacional, y en lo que respecta al trabajo, está aquí. “Esto va a modificar la economía del futuro” (Harari, 2020)

Resulta interesante el planteo que hace Eseverri en el periódico La Política Online (2020, 3 de abril) al plantear que esta modalidad es más probable que prevalezca en la Administración Pública más básica y regular y que una parte importante de la prestación de servicios del Estado puedan pasar a teletrabajo. Mientras que en el sector privado es donde más incógnitas se presentan y se debería empezar por “reformar o adendar la Ley de Contrato de Trabajo” para habilitar esta modalidad, rompiendo con el molde clásico de “establecimiento”. Otra observación destacable gira en torno a quién sanea los costos de conectividad y de quién son los materiales de trabajo ¿de la empresa o del trabajador? En este panorama, hay que volver a preguntarse ¿qué ocurre con las leyes de seguridad e higiene en el trabajo, cómo se inspecciona que el trabajador esté ejerciendo su función en condiciones decentes y dignas? Este será el nuevo gran dilema que girará en torno al mundo del trabajo. Los gobiernos deberán ponerse las manos en remojo y empezar a legislar y reglamentar para que los trabajadores no pierdan derechos ni sufran perdidas en sus ingresos.

Reflexiones finales

La revolución industrial ha ido modificando la manera en la que se trabaja, se produce y se relacionan los trabajadores dentro del establecimiento de trabajo. La innovación tecnológica y el predominio de la informática han impuesto nuevas condiciones, entre ellas el teletrabajo y los trabajos de plataforma, de los cuales hemos hablado.

Pero también cabe destacar, siguiendo la línea de Harari, que otro gran impacto que podríamos vivir producto de esta crisis es una profunda aceleración de la automatización, la implementación de robots, inteligencia artificial y aprendizaje automático en trabajos que hasta el momento fueron hechos por humanos. Es probable que esta pandemia acelere el proceso de transformación en el mercado del trabajo y para eso debemos prepararnos. Los países y los gobiernos deben prepararse para capacitar a la mano de obra disponible y la que vendrá.

El siglo XXI requiere de personas cada vez más capacitadas, para un mercado laboral que va a demandar “cerebros humanos”. En parte va a corresponder a los gobiernos preparar esta mano de obra, capacitarla y formarla. Insisto y pregono, como lo he hecho a lo largo de estas líneas, este debe ser un trabajo tripartito, a la cual se le podrían sumar consejos de científicos por áreas de producción.

En conclusión, esta pandemia nos deja algunas enseñanzas que suelen ser ignoradas o tratan de taparse con la mano. El capitalismo funciona con los trabajadores adentro, no afuera. El sistema capitalista necesita de los trabajadores para garantizar su productividad, su generación de riqueza. La educación es importante, y si es pública mejor, porque el trabajo del mañana cercano requiere de personas cada vez más formadas y capacitadas. El Estado debe garantizar los derechos laborales y tal vez sea necesario pensar nuevas compensaciones salariales o ayudas económicas. Los sindicatos, no los hemos mencionado, cumplen un papel fundamental en la pata de negociación para establecer condiciones de trabajo, reclamar por los derechos y negociar los salarios. En lo que viene va a ser cada vez más necesario consolidar la relación tripartita para llegar a acuerdos que beneficien a todos. Tal vez de esta manera, salgamos más rápido de esto.

*El autor (pereyram792@gmail.com) es estudiante de la Licenciatura en Ciencia Política en la UNL.


Bibliografia

  • Cremonte, Matias (2012). “Acerca del valor y el precio de la fuerza de trabajo. Un aporte al debate sobre la cuestión salarial”. Revista de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Quilmes.
  •  Entrevista de Pablo Duer a Yuval Harari en Infobae. https://www.infobae.com/cultura/2020/04/15/yuval-harari-las-decisiones-que-tomemos-tendran-un-impacto-durante-anos-y-decadas-y-reconfiguraran-el-planeta/
  • Organización Internacional del Trabajo (2020). El COVID 19 y el mundo del trabajo: repercusiones y respuestas. Primer informe, 18 de marzo.
  •  Organización Internacional del Trabajo (2020). El COVID 19 y el mundo del trabajo. Estimaciones actualizadas y análisis. Segundo informe, 7 de abril.
  • Puerto, Susana; Kim, Kee. Las consecuencias económicas en el de la crisis del Covid 19: un duro golpe a los trabajadores jóvenes. https://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_741746/lang–es/index.htm
  •  Eseverri, Esteban. Coronavirus: el impacto en el mundo del trabajo. https://www.lapoliticaonline.com/nota/esteban-eseverri-coronavirus-el-impacto-en-el-mundo-del-trabajo/

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