¿Y ahora, quién podrá defendernos?

Por Joel Theytaz y Luciano Albizzati //

En estas horas aciagas para la humanidad, con el apocalipsis más cerca que nunca, permitámonos un espacio de reflexión acerca de quién, o quiénes, están en condiciones de garantizarnos la sobrevida. Sirvámonos de un poco (muy poco) de Ciencia Política para echar luz sobre la pandemia de moda y develar cuál de los actores preponderantes del capitalismo tardío nos presenta la oferta más prometedora ¿Empresas transnacionales, organismos supranacionales o estados nacionales?

Comencemos por la coordinación supranacional, que parece no estar siendo del todo eficaz. La UE, por ejemplo, acaba de lanzar una propuesta de compra conjunta de elementos de prevención que debe transitar por un terreno burocrático sinuoso en el que no sólo tropieza con la oposición de algunos sus miembros (Bulgaria, Dinamarca, Francia, Lituania, Portugal y Finlandia), sino que, además, se encuentra plagado de licitaciones y análisis de ofertas que demorarían la ejecución de políticas de prevención hasta abril. El G7 recién tendrá una reunión (por Skype) en los próximos días, con la situación avanzada y muchas resoluciones descoordinadas ya tomadas. El Banco Mundial y el FMI optaron por postergar sus reuniones anuales y lo más cercano a una coordinación supranacional a la que acudir por estos lares, el MERCOSUR… bueno, en fin.

Tampoco “los mercados” -con sus omnipotentes empresas transnacionales- han demostrado capacidad para colaborar en esta crisis. Su propuesta para coordinar eficientemente los esfuerzos individuales de los ciudadanos es invisible y sólo recibimos noticias por el desplome de las bolsas. Acaso la distribución gratuita de los contenidos de pornhub a los ciudadanos de italia haya sido su contribución más concreta. La consecuencia del laissez faire es ver a los homo economicus agolpados en farmacias para acaparar alcohol en gel y barbijos. Hasta Macrón, el líder cool que festejó el triunfo sobre la política tradicional con música electrónica entre pirámides de vidrio, recalcó la importancia de la Salud como bien público que debe ser garantizado por fuera de las leyes de mercado. Quizás los casos de Estados Unidos y Corea del Sur sean un buen ejemplo de coordinación público-privada para hacer frente a la pandemia, aunque en ambos casos las astas del toro están en manos del Estado.

Entonces, ni los organismos supranacionales ni las empresas transnacionales muestran capacidad para hacer frente a situaciones como la actual. Aunque esta crisis requiere fundamentalmente de acciones estrictamente individuales (higiene, aislamiento) para evitar un escenario peor, las mismas no tienen ningún sentido si no se coordinan solidariamente con el resto de los individuos. Sostendremos que el actor predilecto y mejor equipado para garantizar esta lógica es el Estado. Nos referimos a sus aptitudes y recursos, esto es, a las capacidades estatales con que cuentan las agencias del Estado para mediar, intervenir y regular la interacción entre diferentes actores.

Por un lado, aptitudes o funciones condicionadas por el desarrollo institucional actuante en un determinado territorio, en otras palabras, escenarios, información y estrategias supeditados a una serie de prácticas y costumbres desarrolladas sociohistóricamente. Por otro lado, y desde una perspectiva técnico-burocrática, los recursos elementales: Financieros, Humanos y Organizacionales. La biyuya con que cuentan las agencias estatales está estrechamente vinculada a la capacidad recaudatoria que le es propia a los Estados (en cualquiera de sus niveles. Aquí nos concentramos en los Estados Nacionales). La asignación de esos recursos en función del establecimiento de prioridades se encuentra, a su vez, íntimamente relacionada con el componente político que el funcionariado proyecta sobre el cuerpo burocrático, esto es, sobre los recursos humanos organizados en una estructura jerárquica, con especificaciones de responsabilidad, funciones y propósitos estratégicamente asignados en virtud de una determinada gestión organizacional.

Si bien el fortalecimiento de los Estados en momentos de crisis ya ha sido teorizado, estas reflexiones apuntan a reavivar el debate en torno a la capacidad (en nuestra opinión: insustituible) de las agencias estatales. Manejos disímiles como la planificación china, la pasividad italiana o el enfoque de Gran Bretaña comparten un aspecto: la incuestionable capacidad de agencia de cada Estado para tomar decisiones y ejecutarlas en su territorio. En contextos como el que vivimos actualmente, cuando se hace necesario fortalecer los lazos de solidaridad colectiva en pos de alcanzar un bienestar general por sobre los intereses individuales, el Estado vuelve al primer plano como el único actor con capacidad de instrumentar las herramientas que garanticen ese bienestar.

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